He aquí un concierto necesario. Una pequeña crónica familiar. El Gerhard nos ha regalado un repaso por la historia del cuarteto de cuerda a través de tres testimonios clave: Haydn, Beethoven y Kurtág: un pionero, un desarrollador y un experimentador. Tres siglos de música. Podría criticarse que falten ejemplos de ciertos estilos, pero lo cierto es que, entre el clasicismo del primero y la vanguardia del tercero, Beethoven fue un titán capaz de encauzar todo el discurso del XIX. Sospecho que el Gerhard lo ha tenido en cuenta.
El objetivo del concierto era más que loable. La realización, sin embargo, resultó algo irregular. El cuarteto Gerhard, relativamente joven, muestra actitudes muy personales a la hora de encarar el ritual concertístico: afinan fuera de escena, incluso entre una obra y otra; antes de cada pieza, se concentran casi en un rezo; sus repertorios suelen estar marcados por la inquietud intelectual. No obstante, la pura ejecución del día 12 en el Círculo de Bellas Artes dejó un sabor amargo en los oídos (¿es eso posible? Pues sí). Cierto que ninguno de los componentes intentó alzarse con un protagonismo excesivo, lo cual siempre ayuda al empaste, pero es que todos adolecieron de los mismos defectos: un sonido descuidado que se ofrecía en pianísimos quebradizos, en fortes que raspaban las cuerdas (y rascaban las orejas) y mezzopianos bastante ramplones; apenas hubo más matices que estos tres; la afinación tampoco fue firme; los arcos parecieron pesados pese a los momentos de agilidad que se asomaban al derrape; los fraseos no brillaron por su imaginación, ni las articulaciones.
La familia de la cuerda ofrece dimensiones abisales que ni la de los borbones, pero mucho más positivas. Por sus posibilidades expresivas y técnicas, especialmente la rama frotada de la estirpe, sus instrumentos suponen un reto pero también un caramelo para quien compone. El viento requiere de ejecutantes que sepan armonizar arte con nicotina; la percusión es pura complejidad; y los instrumentos electrónicos están muertos sin un enchufe. La familia de la cuerda (frotada) se ha reunido tradicionalmente en torno a la formación del cuarteto. Este ha donado a la historia cientos de páginas maravillosas, no hay duda, pero no deja de constituir una imagen algo sesgada del clan, más que nada porque ningunea al pariente más grave, el pobre contrabajo, ese gigante abandonado. Qué le vamos a hacer. Incluso sin ese explorador de profundidades, el cuarteto se alza como uno de los principales iconos de la música occidental de los últimos tres siglos.
El Gerhard, debemos ser justos, fue respetuoso con esta tradición, y sus lecturas ofrecieron las notas de esas páginas tal y como aparecen impresas, pero poco más. Nada de exploraciones en los abismos ni de jugar en territorios excitantes. La velada se abrió con la obra más reciente, el Officium Breve in memoriam Andreae Szervánszky, de ese magnífico centenario que es Kurtág. La pieza, del año 1989, se divide en 15 secciones muy breves que pueden sintetizar en tiempos mínimos referencias (por ejemplo, a Webern), juegos armónicos, estructuras… Una obra esencialista que, por su sutileza, se convierte en una elegía emocionante, en este caso al compositor y paisano del autor Endre Szervansky. La emoción, en los arcos del Gerhard, se ausentó; ejecución correcta, sí, pero nada más, ni siquiera lucimiento con los efectos especiales ni intriga con los silencios.
El caso del Haydn fue más doloroso. Que este clásico, y en concreto esta obra que resulta un reto formal y que se empapa del Sturm und Drang, cayese en lo plomizo es un delito. El cuarto movimiento alcanzó algo más de luz, aunque a costa de recordar un pub irlandés en San Patricio.
Por suerte, Beethoven siempre sale al rescate. Su Cuarteto n.15 salió al rescate. El compositor poseyó a los músicos y se pudo disfrutar de una segunda parte mucho más inspirada en cuanto a interpretación. Los problemas ya señalados se mitigaron gradualmente hasta momentos gozosos como esa Canción de Gratitud que es el tercer movimiento o el mismo final. La propina, el primer contrapunto de El Arte de la Fuga de Bach, fue más bien un pequeño protocolo que otra cosa.
El Círculo de Cámara del Círculo de Bellas Artes es uno de los ciclos más importantes e interesantes de la actualidad en Madrid. Sus responsables se lo han trabajado contra viento y marea durante años, y sólo se les puede dar la enhorabuena (bueno, y asegurarles financiación, que la causa lo merece). Entiendo que debutar en este evento supone un honor, pero también una gran responsabilidad. Tal vez el Gerhard se vio excedido por la situación y eso provocó sus traspiés, porque no dudo de su calidad (la he oído en otras ocasiones). Pero así es el arte…
Juan Gómez Espinosa
Círculo de Cámara. Temporada 2025/2026.
Obras de: Franz Joseph Haydn (Cuarteto en re mayor, op. 20 nº 4. Hob. III:34), György Kurtág (Officium Breve in memoriam Andreae Szervánszky) y Ludwig van Beethoven (Cuarteto nº 15 en la menor, op. 132).
Intérpretes: Cuarteto Gerhard. Lluís Castán (violín), Judit Bardolet (violín), Miquel Jordà (viola) y Jesús Miralles (cello).
Fecha y lugar: 12 de abril de 2026. Teatro Fernando de Rojas del Círculo de Bellas Artes de Madrid.
Foto © Nacho Martín / CBA