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Crítica / La orquesta que canta - por Enrique Bert

San Sebastián - 30/08/2021

No puede obviarse la estrecha relación que se ha ido creando entre Ivan Fischer, la Orquesta del Festival de Budapest y la Quincena Musical donostiarra; son ya muchos años, muchos conciertos y numerosos éxitos rotundos, hasta el punto de poder decir que Fischer ha marcado –por ejemplo, con su Mahler- hitos dentro de este festival veraniego.

Es por ello que cada presencia del director húngaro es motivo de expectación y preludio de concierto de calidad. Y en este caso, con motivo del concierto de clausura de la 82ª edición del festival donostiarra, no podemos sino rubricar tal sensación… con un pequeño “pero”: el programa no fue quizás el más interesante posible.

Le boeuf sur le toit, op. 58, de Darius Milhaud es una obra peculiar, surrealista e intuyo que de mucho mayor interés en su forma original, el ballet; en concierto su trascendencia es escasa. Interesantes juegos tonales, distorsiones armónicas bien delineadas por Fischer pero poco más. Lo mismo puedo decir de la versión orquestada de dos de las Gymnopèdies –primera y tercera- de Erik Satie, que parecían incrustadas en el programa a calzador; y eso que los orquestadores eran Claude Debussy (primera) y Francis Poulenc (tercera), ni más ni menos.

De mucho mayor interés fue la interpretación del Concierto para piano y orquesta en Sol Mayor, de Maurice Ravel, de huellas evidentes del mundo del jazz y del impresionismo de la época y donde el joven croata Dejan Lazic estuvo a la altura de la muy brillante lectura de Fischer, maestro en la labor de coordinación. Como podemos imaginar, la orquesta se encontró en su salsa en una lectura emotiva y vibrante de Danzas de Galanta, de Zoltan Kodaly, obra con la que concluyó el concierto.

En definitiva, un programa al que no hay que reprocharle coherencia cronológica –nos movemos en las décadas 20 y 30 del siglo anterior- ni aproximación rítmica pero que no terminó de llenar a un auditorio de buena memoria histórica.

Ya sabemos que eso de los bises puede provocar más de una distorsión pues hay intérpretes que se sueltan la melena en exceso y no guardan ninguna coherencia con el programa abordado pero reconozco que Fischer supo dejar a todos sorprendidos al organizar a los miembros de la orquesta en forma coral para abordar a capella una canción popular húngara que fue entonada con mucha solvencia. Una orquesta que también canta. ¡Que vuelva pronto!

Ahora, a esperar la edición de 2022 que anuncia en torno a la figura de Pablo Sorozabal y donde, de evolucionar como se espera el problema de la pandemia, se recuperará la ópera.

Enrique Bert

 

Palacio Kursaal, de Donostia-San Sebastián.

Quincena Musical.

Obras de Darius Milhaud, Maurice Ravel, Erik Satie y Zoltan Kodaly.

Dejan Lazic (piano) y Orquesta del Festival de Budapest. Dirección musical: Ivan Fischer.

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