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Crítica / Harold y El Héroe viajaron en primera clase - por José M. Morate Moyano

Valladolid - 27/11/2022

En el Programa 5 de su temporada de abono, la Orquesta Sinfónica de Castilla y León y su Titular Thierry Fischer plantearon un doble viaje: físico, con la Sinfonía en 4 movimientos con viola principal "Harold en Italia" en Sol M. (1834), H. 68 de H. Berlioz, y Antoine Tamestit (París, 1979) como solista, formado en Yale y París, miembro del Trío Zimmermann, que toca la viola "Mahler", 1672, primera construida por Stradivarius. Y vital, con el poema sinfónico Una vida de héroe (1898) op. 40 de R. Strauss, que lo dedicó a la Orquesta del Concertgebouw y su Director Mengelberg, aunque lo estrenó él mismo en Francfort, quizá porque aunque no lo confirmara, se ha pensado que él era el héroe protagonista.

Sorpresa ver aparecer al Maestro con dos muletas, por algún problema en su pie izquierdo, dolencia de la que le deseamos pronta recuperación y que no le impidió abordar la Dirección, ayudado por una banqueta y un posapié, que en los momentos más vibrantes no llegó a utilizar. Su magnífica técnica de brazo le permitió suplir con eficacia y éxito esa carencia, con su proverbial control de sonido bien balanceado y ya con color característico propio.

Antoine Tamestit tiene muy bien asumido su papel en la Sinfonía, evocadora de escenas de "Las peregrinaciones de Childe Harold" de Lord Byron, que Berlioz definió ""la viola se comporta como un soñador melancólico""; y así se produjo, no sólo tocando con un hermoso sonido y una musicalidad exquisita, sino itinerando por el palco escénico, ayudando al oyente a seguir a Harold en las montañas, en la marcha de los peregrinos que cantan la oración vespertina, en la serenata de un enamorado en los montes Abruzzi y en la orgía de bandidos.

Entró en escena en el Adagio en preciosa melodía pianísima con el arpa, feliz con el fagot y en Allegro progresivo orquestal articulando con todos; el prime Allegretto, que el autor escribió en 2 horas y pasó 6 años corrigiéndolo, lo inició junto a los vientos, con las violas compactas en pianísimo, más flauta, oboe y fagot; en el 2º estuvo sutilmente delicado como el corno, tras la previa fiesta con oboe y flautín; y en Allegro frenético con gracia junto a los metales y grandes dinámicas; se va echado por trombones y tuba  para preparar en  of  un bello trío de cuerdas y regresar los tres tras este Adagio y proseguir recordando temas precedentes y abordar el brillante final. Todo controlado por Fischer con gusto y precisión, bien secundado por músicos que sirvieron cuanto pidió con total acierto.

El Auditorio casi al completo estalló en aplausos ante la excelente versión y la labor de Tamestit, que dedicó un soberbio Bach al Maestro para suavizar su accidente y dormir a su nieto recién nacido. Las ovaciones volvieron a repetirse para solista y tutti de orquesta y Director, con repetidos saludos.

El poema sinfónico de Richard Strauss tuvo también excelente viaje, desde su exposición elaborada y contraste atmósfera-tiempo de sus 3 primeras secciones, hasta el desarrollo, recapitulación y coda de las 3 últimas. Permitió también disfrutar de las destacadas intervenciones de la concertino invitada Madeline Adkins, además de su papel como gestora del colectivo. Trompas y cello expusieron a la perfección el tema del héroe; flauta y vientos los de sus enemigos (tal vez el crítico Hanslick entre ellos con su leimotiv en tuba tenor y contrabajo), las trompetas en su fanfarria interna anunciando sus ataques, conjunto y empastado ataque de todos los vientos uniformes en color, arpas y cuarteto de maderas precisos; corno inglés como bella compañera del héroe, la percusión sólida anunciando al héroe en su batalla, con la trompeta variando su tema a 3/4 solemne; los violines con dulces melodías muestran la congoja de la amada; ecos de otras obras sinfónicas u operísticas del autor para siggnificar su afán de Paz.

Doliente nuevo motivo de arpa, fagot, corno y cuerdas presagia la retirada del héroe, aún dejando sus buenas obras agitadas por el motivo Hanslick, para pasar a su consumación con un pastoral corno excelente y una solemne variación de su tema  que lleva a la esplendorosa fanfarria final de todos los vientos. Fischer volvió a ejercer su magisterio en seria versión, alejada de magnificentes excesos románticos pero llena de dolor, exaltación, sentimiento, alegría y profundidad según convenía, con una plantilla que respondió a cuanto partitura y manos requirieron, volviendo a levantar emociones y ovaciones repetidamente. Estupendo concierto.

José M. Morate Moyano

 

Antoine Tamestit

Orquesta Sinfónica de Castilla y León / Thierry Fischer

Obras de H. Berlioz y R. Strauss

Sala sinfónica Jesús López Cobos del CCMD de Valladolid 

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