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Crítica - Hallenberg, el esplendor del canto barroco

Sevilla - 22/01/2020

Hace justamente 2 años que el Maestranza acogía un inusitado duelo barroco, trenzado por la belleza, los contrastes y la diversidad a cargo de Vivica Genoux y Ann Hallenberg; y ahora, por puro azar, Hallenberg volvía al escenario del coliseo sevillano sustituyendo a Anna Bonitatibus, aquejada de una afección vocal. Y sería de nuevo la casualidad o el frío invierno lo que hizo que la mezzo sueca se acatarra también, pero en Sevilla, aunque por fortuna el destino o su entereza no quisieron que también la perdiéramos.

De igual manera tuvimos suerte de que el programa que presentaba contara con tres arias de gran lirismo y fuera la última la de coloratura (Alma Opressa de Vivaldi), con el intermedio instrumental del Concierto para 4 violines, chelo y continuo de Vivaldi. Así que cuando llegó el momento más comprometido para su voz, esta ya había se había templado lo suficiente. En estos momentos más poéticos habíamos admirado su voz equilibrada, un registro sin alteraciones de color del agudo al grave, un legato delicadísimo, una dicción elegante y cálida.

En la segunda mitad se invirtió su signo, y fueron tres de coloratura y una lírica, precisamente la que más nos impactó del grupo, Vieni o figlio de Haendel, por la sedosidad, el color e intensa expresividad de su canto.  

Qué decir de sus cualidades y técnica cuando aborda esas arias imposibles, en la que la inteligibilidad y una perfecta articulación resultan tan necesarias como un fiato sobrado y el cuidado sobre agudos afilados y los graves a los que no le debe faltar volumen. Pues todo resultó un verdadero magisterio en el control sobre todos estos elementos, donde era difícil advertir cualquier sesgo de afección y, en todo caso, sí pudo estar prevenida sobre el volumen de las coloraturas para no forzar en demasía la voz. Todavía dio muestras de su entereza ofreciéndonos un Lascia ch’io pianga de una belleza inaudita, y no será porque no se ofrezca veces como propina.

Pero es que la Orquesta Barroca de Sevilla no le fue a la zaga. A las órdenes de Mercero se garantizaba ese vigor interno, ese borboteo continuo, a la vez que unos solos verdaderamente encomiables, tanto junto a sus compañeros en el referido concierto de Vivaldi (Gandía, Sánchez Vezalá, Rossi y Ruiz) como especialmente en el otro “intermedio” instrumental que supuso la Sonata a 5 en Si bemol mayor HWV 288, de Haendel. La OBS escoltó a la Hallenberg aportando calidez, bravura, delicadeza y todo cuanto la cantante y las obras requiriesen. Sobre todo nos quedamos con unos unísonos vivíficos, de más valor aún en tarde de lluvia como la que nos acompañó.

Carlos Tarín

Ann Heldenberg, mezzosoprano.Orquesta Barroca de Sevilla / Andoni Mercero.
Obras de Obras de Torri, Vivaldi, Orlandini y Haendel.
Teatro de la Maestranza, Sevilla.

Foto © Luis Ollero

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