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Críticas seleccionadas de conciertos y otras actividades musicales

 

Crítica - Estrenos absolutos y primicias orquestales

Valladolid - 18/11/2019

Un programa de complicada audición para el público habitual, fue dispuesto por el Titular Andrew Gourlay, con la participación como solista invitado del violinista de Valladolid, Roberto Fernández-Monjas, colaborador habitual de Berlín Baroque Soloists y actual Titular también de la Dalasinfoniettan, que toca el G. Guarnerius-1710 “Filius Andreae”.

Por galardonados en su Concurso Nacional de Composición, la OSCyL encargó a Román González Escalera (Ciudad Real, 1987), Nuño Fernández Ezquerra (Segovia 1992) e Israel López Estelche (Santoña, 1983), tres piezas para un tríptico bajo el nombre Paisajes de Castilla y León, que fue estrenado como inicio del programa. Viraje perpetuo: Las hoces del río Duratón, permite al alcarreño jugar curvas y sonidos del bello cañón segoviano; Evocación del monasterio de S. Pedro de Arlanza, burgalesas ruinas libradas por sus gentes  de las aguas del río, permite al de Segovia una visión de esas aguas próximas y de la vida monástica en su antigua grandeza y actual decadencia, que nos pareció lo más logrado del tríptico, que cierra Valle del silencio, sobrecogedor paraje de la leonesa cuenca del Oza, donde el cántabro, por acumulación de timbres y dinámicas crecientes y decrecientes minimales busca el misterio e impacto de la zona.

El violinista aportó como primicias orquestales, Concierto nº 1, op. 35 del polaco Szymanowski y Mahäshakti, para violín, tam-tam y cuerdas del inglés Tavener, ésta también estreno en España. El polaco, difícil de encuadrar en estilo pues de forma personal abarca casi todos, tiene en ello y en el orgánico orquestal que exige, causa de su menor presencia entre los Conciertos para violín, aunque su calidad sí lo hace merecedor de la misma. Roberto González-Monjas lo entiende muy bien, pues su instinto musical, gusto por la expresión, y dominio y control de técnica y afinación, le hacen un intérprete ideal; y así se mostró en la cadenza, donde sin desdeñar el virtuosismo debido, fue en esa expresión y musicalidad donde obtuvo excelentes frutos con delicadísimos pianos; lástima que Gourlay, aún colaborador, no dio con la tecla adecuada para corresponder a tan variada belleza.

Shakti es un término hindú, relativo a la Energía femenina que lleva al hombre a lo celestial por su origen materno y virginal, hasta un Mahäshakti supremo que conduce al infinito. Tavener, de gran religiosidad conocida, ve esas posibilidades en la Virgen María y construye una pieza de 20 minutos, sensible, con un tema que se repite una y otra vez en pianísimos que exigen nitidez total en las reducidas cuerdas (que no se tuvo), con breves crescendos bien medidos, afinados y marcados por el solista, para volver a las frases base, alternadas por las leves vibraciones del tam-tam en busca de un misticismo típico del autor. Todo el mérito para el violinista y su labor, que creció aún más con una versión de la Nana de Falla, acompañado por las 31 cuerdas que participaron en el Tavener, para satisfacción de todos.

Sin entender muy bien por qué (el primitivismo ruso pareció un poco tomado por los pelos), la sesión se cerró con la Suite escita, op. 20, ballet de Prokófiev reconvertido, que huele un tanto a la “Consagración” de Stravinski con distinto tratamiento musical pero lejos de sus resultados. Aún así y con Gourlay leyendo más “excita” que variado, escuchamos buenas prestaciones de flautín y arpa en “Noche” y de las cuerdas completas en “el dios maligno y danza de los espíritus paganos”.

José Mª Morate Moyano

Roberto González-Monjas, Sinfónica de Castilla y León / A. Gourlay.
Obras: R. González, N. Fernández, I. López, Szymanowski, Tavener, Prokófiev.
Auditorio “Jesús López Cobos” en el CCMD de Valladolid.
4º Concierto de Abono de la OSCyL en Valladolid (15-11-2019)


Foto: A. Gourlay.

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