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Crítica / El Bicentenario Bruckner en Madrid - por Luis Mazorra Incera

Madrid - 06/04/2024

La Cuarta sinfonía en mi bemol mayor, denominada (con bastante torpeza, por cierto) “romántica”, del compositor (romántico sin paliativos, de todas todas…) Anton Bruckner, es todo un acontecimiento. Aunque no sé si tanto tanto… como para dejarla exenta, privada de acompañante alguno en programa, como hiciera la Orquesta Sinfónica de Madrid bajo la dirección de Pablo Heras-Casado en el Auditorio Nacional de Música de Madrid.

Un bicentenario-Bruckner tan señalado y excepcional, podría servir, digo yo, para, al margen de las, mal contadas, tres o cuatro (tres o cuatro… “y media”, o, mejor, “y tres cuartos”, para ser exactos) piezas sinfónicas y/o sinfónico-corales trilladas de su repertorio, sacar a la luz tanta buena obra (y de este monumental porte, si de eso se trata…) del de Ansfelden.

Pero, bueno, imagino que la idea “programática” que subyace, sea la de destacar, aislada, esta gran sinfonía, habitual por otro lado, de las segundas partes de gran concierto sinfónico durante temporadas “no-bicentenarias” (que nos diría Alicia en su país… en el de las maravillas…); y, sensu contrario, no se trata de privarnos de otros deleites, de otros contextos, visiones o contrastes que pueden bien darse en otros episodios de este paciente homenaje bicentenario que celebramos.

La versión que se ofreció en esta ocasión buscó, desde un primer momento y, especialmente, en su primer movimiento, dar una lectura más pendiente de la musicalidad y el fraseo con una articulación flexible en las pequeñas dimensiones. Una versión más…, ¿romántica…?, no creo, pero, eso sí, marcando distancia con el (¿abultado, quizás…?) formalismo que se le supone bajo el mando de aquellas batutas herederas de esta tradición romántica tardo-decimonónica del pasado siglo y aun de éste; batutas bien conocidas, ya sea por experiencia directa en conciertos en vivo (por los ya más veteranos en estas lides…) o por la abundante discografía al uso.

Como consecuencia, algunos detalles iniciales en la exposición temática, mostraron relativa fragilidad.

Pasado este inicial momento, crucial para comprender la estructura de la sinfonía, tanto en este primer movimiento, como, sobre todo, en su conjunto macro-formal, los demás (amplios) movimientos transcurtieron por cauces más conformes, aunque siempre con aquella huella inicial en mente (ya se sabe: “quien da primero, da dos veces…”).

Magnífico desempeño del exigido solista de trompa, que, en esta versión, sobresalió desde su plano protagonista, hoy más lírico (no tanto en el más abstracto, formal, figuralista… o abiertamente cinegético que, incluso, fuera explícito en su día). Musicalidad y solvencia que, justamente, celebró el público a la postre con esa sonora y entusiasta efusividad, muy de este ciclo.

Me uno desde aquí a este coro: ¡Enhorabuena!

Luis Mazorra Incera

 

Orquesta Sinfónica de Madrid / Pablo Heras-Casado.

Cuarta sinfonía en mi bemol mayor de Anton Bruckner.

OSM. Auditorio Nacional de Música. Madrid.

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