Los melómanos están de enhorabuena en estas fechas tan señaladas, como lo es la Semana Santa para las citas musicales de transcendencia extraordinaria tanto por la música que se programa como por los intérpretes que nos encontramos en ellas.
La ocasión que nos ocupa nos trajo por segunda vez al Auditorio Nacional de Música de Madrid la Pasión según San Mateo de Johann Sebastian Bach en la interpretación de quien ha ido y será por siempre una de sus más grandes figuras, Philippe Herreweghe, acompañado de la formación que él mismo fundó en 1970, Collegium Vocale Gent.
Situados en perfecta simetría, aparecieron en el escenario las dos orquestas -3, 2, 2, 1- en la cuerda más los vientos y un bajo continuo al que se le añadieron dos órganos positivos como instrumentos polifónicos, y los dos coros de 3 miembros por sección cada uno, además de contar con un coro juvenil de ocho cantantes femeninas a modo de soprano in ripieno, pero que fue mucho más que eso como veremos.
Como idea general de la interpretación de Collegium Vocale Gent y de su maestro debemos incidir en que esta música la conocen tan bien como la palma de su mano, y que el cariño y el respeto que todos ellos sienten por ella es palpable desde el primer momento de la ejecución de Kommt, ihr Töchter, helft mir klagen, su coro inicial, así como que el nivel musical y de estilo que alcanzan a lo largo de tan compleja y extensa creación, es máximo y de una modélica interpretación.
En cuanto a la interpretación individual del reparto vocal que pudimos disfrutar en la velada, comenzaré hablando de sus dos principales actores. El rol del Evangelista, tan complejo y que ya forma parte del mito colectivo, fue desarrollado por el tenor Guy Cutting, quien posee una voz que se adapta idealmente al exigente registro vocal del papel. Sus agudos, de facilidad pasmosa, así como la expresividad esgrimida al texto de su transcendente discurso, sumado a la coherencia de su discurso de la lengua alemana, dieron como resultado un personaje tan creíble como apetecible en su escucha, y a la vez de una honda expresión mística.
Quien aportó ese especial carisma, que solo poseen unos pocos, al otro de los roles principales de la composición, el de Jesús, fue el bajo Florian Boesch, quien mantuvo siempre ese halo de personaje esencial y de fuerza expresiva que aunó con la belleza de su poderoso y sutil instrumento vocal. Múltiples y verdaderamente cambiantes en el afecto apropiado a cada escena fueron sus intervenciones. Ambos personajes fueron un verdadero tándem magnético y diferenciador.
Como solistas vocales, que siempre cantaron a su vez en sus respectivos coros, comenzaremos hablando de la soprano Grace Davidson, quien cantó una de las partituras más trascendentes y celestiales de las compuestas por Bach, el aria Aus Liebe will mein Heiland sterben, mostrando un sólido control del aire en su fraseo y realizando un ejercicio de contención sonora que reafirma su extraordinaria melodía.
El contratenor Alex Potter volvió a deleitarnos con su personalidad única, tan expresiva como eficaz, que ya desde su participación desde el coro se percibió. No dignamos nada cuando esta era de un modo solista. Realmente especiales y humanas fueron sus arias Erbarme dich mein Gott y Ach, nun ist mein Jesus hin. De lo más memorable de la noche.
Los dos bajos participantes que cantaron solos, tanto del primer como del segundo coro, fueron voces excelentes y personales. Florian Störtz tuvo la buena ventura de ser el partícipe de la línea principal de dos arias tan excepcionales como lo son Mache dich, mein Herze, rein y Komm, süsses Kreuz, so willI Ich sagen. Prescindiendo de partitura y con una expresión tan interiorizada como empática, su bella y redonda voz particularizó las dos arias de un modo fabuloso. Por su parte, Mikhail Timoshenko destacó por la hondura de su inusual, bello y timbrado instrumento vocal que dibujó un fraseo impecable en Gerne will ich mich bequemen.
Como ya henos adelantado tanto coro y orquesta elevaron sus interpretaciones a altos estándares. En cuanto al coro, estuvieron bien equilibrados tanto el primero como el segundo, aunque cuando sonaron por separado su volumen sonoro fue quizás algo discreto para una sala como la sinfónica del Auditorio, de tan generosas dimensiones. Debemos añadir que fue toda una delicia y un añadido que resultó especialmente satisfactorio el añadido de las ocho jóvenes partícipes en el coro como ripieni, que añadieron a sus quehaceres muchas más participaciones que las dos estrictamente estipuladas por Bach. En todos los corales, que cantaron tanto el coro 1 como el coro 2, sus voces se aunaron a ellos creando un bello impacto sonoro fastuoso, empastado, luminoso y coherente.
Las orquestas ejercieron igualmente un ejemplar ejercicio de disciplina, equilibrio y ejemplaridad en su interpretación, especialmente en los momentos de tutti, a los que se añadió un hermoso ejercicio colorista de los vientos, tanto de flautas como de oboes. Como solista muy especial debemos destacar a la violagambista Romina Lischka, quien demostró un extraordinario despliegue técnico y virtuosístico en la interpretación de la parte solista para su instrumento en esa aria tan simbólica y superior como es Komm, süßes Kreuz.
Debemos asimismo alabar la labor autónoma, tan laboriosa, rigurosa y que nos dejó atónitos tanto por su exactitud en cuanto a conjunción con los solistas, como en distinción de los contrastantes caracteres, del bajo continuo, especialmente de los violonchelistas Ageet Zweistra y Harmen Jan Schwitters.
Philippe Herreweghe, aclamado por el público que abarrotaba la sala desde su aparición en escena, se mostró más como un referente que ejerció de elemento unificador y distintivo de lo realmente relevante en lo interpretativo, más que como un director al uso como lo entendemos actualmente. Estar rodeado de tan grandes figuras de la interpretación que entienden esta música a la perfección permitió que su humildad estuviera relegada a tan fascinantes música y músicos. Fueron especialmente dos momentos los que excitaron las dotes interpretativas del maestro belga: las sublimes arias Erbarme dich mein Gott y Mache dich, mein Herze, rein, que dirigió de memoria, y unos pasos adelantados hacia instrumentistas y cantantes, dejando atrás el atril y su puesto al frente de ellos.
La calurosa ovación de los asistentes que llenaron la sala sinfónica, muchos de ellos puestos en pie, no hace más que refrendar la inconmensurable calidad musical tanto de Johann Sebastian Bach, de su Pasión según san Mateo, así como la de todos sus intérpretes presentes en escena.
Simón Andueza
Guy Cutting, tenor, Florian Boesch, bajo. Grace Davidson y Hannah Ely, sopranos, Alex Potter y Benno Schachtner, contratenores, Samuel Boden y Florian Sievers,
tenores, Florian Störz y Mikhail Timoshenko, bajos.
Collegium Vocale Gent, Orquesta y Coro. Philippe Herreweghe, director.
Pasión según San Mateo BWV 244, Johann Sebastian Bach (1685-1750)
Ciclo La Filarmónica (Fundación Carlos de Amberes y Embajada de Bélgica en España).
Sala Sinfónica del Auditorio Nacional de Música, Madrid.
31 de marzo de 2026, 19:30 h.
Foto © Rafa Martín