Música clásica desde 1929

 

Críticas seleccionadas de conciertos y otras actividades musicales

 

Crítica / Dos sinfonías: vitalidad y entusiasmo - por Luis Mazorra Incera

Madrid - 11/07/2026

La Joven Orquesta de la Comunidad de Madrid dirigida por Dayner Tafur-Díez ofreció en el Auditorio Nacional de Música un entusiasta concierto con dos grandes sinfonías: la Novena de Shostakóvich y la Segunda de Brahms (y en ese mismo orden, además…).

La Novena sinfonía de Dmitri Shostakóvich con que se iniciaba el concierto, era toda una apuesta por su obvia dificultad e intríngulis técnico. Una apuesta valiente que tuvo, así, de primeras, sin preparación ni telonero alguno, especial mérito y acorde resultado.

Una obra sorprendente, tan misteriosa como desenvuelta e intrigante, nacida como personal festejo musical tras la victoria en la Segunda Guerra Mundial.

Brillante, en línea con el extrovertido mensaje que la consagra en el repertorio, se desplegó unánime con sus vertiginosos y arriesgados gestos concertados, propios si me apuran, de la música de cámara… pero, en condiciones sinfónicas…: todo un alarde.

De esta guisa, especial mención merece, lógicamente, su atrevido primer Allegro que recibió un aplauso adicional a su término, en un clima desahogado general donde muchas de las familias de los jóvenes atriles protagonistas, ocupaban las repletas filas de butacas de la sala sinfónica del Auditorio.

Una tarde noche que gozó, con este juvenil conjunto, de una decidida demostración de entrega y, como ya dije, de neto entusiasmo. Una disposición que tuvo singular premio en esta obra de Shostakóvich, dada su pretensión latente, su contagiosa ligereza y los rasgos de atmósfera (casi) circense instalados de cuando en cuando, al menos en sus movimientos extremos, más destacados y comprometidos.

Una página que lució también sus solos de rigor, desde los de concertino en el fragor de las trabadas redes contrapuntísticas, a unos intensos, clarinete en el Moderato, o fagot en un Largo con momentos de estática contemplación planteados (según nos cuenta Bernstein) desde la sincera admiración del de San Petersburgo hacia una tradición heredada a la que era especialmente afín (citas a la Novena de Beethoven y a Mahler, respectivamente). Una partitura, en suma, con la que sientes esa estimulante sensación de derroche y compromiso en el espíritu y la letra, cercano al concierto para orquesta.

Y sí, alternados con sus remansos, estos tres movimientos rápidos: Allegro, Presto y, de nuevo, Allegro; movimientos insistentemente scherzantes, veloces, sin tregua, histéricos casi, arrancaron al paso aquellos aplausos extemporáneos pero espontáneos y (¿por qué no?) atinados tras la primera cadencia resolutiva, y provocaron a la postre la natural ovación final.

Una obra vital, incentivo universal para algo que renace, o que, al menos, quiere renacer con ímpetu de sus cenizas tras una trágica y sangrienta debacle bélica de infausto recuerdo, donde la ágil disposición de partida de esta Joven Orquesta resultó oportuna, empática y fértil.

La Segunda sinfonía de Johannes Brahms planteaba, en principio, otros territorios estéticos desde un posicionamiento, a priori, más lírico. Contagiado del citado ímpetu se impregnó pronto de aquella vitalidad en cuanto la partitura así lo propició, en una versión que acentuaba este contraste de caracteres, lírico o enérgico, legato o fuertemente articulado, y sus dinámicas asociadas, hasta alcanzar, un tanto “en punta”, su siempre aclamado y, contundente donde los haya, final.

Luis Mazorra Incera

 

Joven Orquesta de la Comunidad de Madrid / Dayner Tafur-Díez.

Obras de Brahms y Shostakóvich.

JORCAM. Auditorio Nacional de Música. Madrid.

 

Foto © David Mudarra

25
Anterior Crítica / Shor: lenguaje universal - por Gonzalo Pérez Chamorro