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Crítica / Delicias Francesas con Lakmé - por Francisco Villalba

Madrid - 04/03/2022

A finales del siglo XIX, la sociedad parisina y europea en general sentía una especial atracción por Oriente, las mansiones de la gente adinerada se llenaron de porcelanas chinas, cuadros japoneses, muebles de laca, alfombras persas, y grabados moguls de la India. Esta moda tuvo repercusión en todas las formas artísticas occidentales y, por supuesto, en la ópera.

De esta tendencia nacieron La africana de Meyerbeer, Los pescadores de perlas de Bizet, El rey de Lahore de Massenet y Lakmé de Delibes. En ninguna de ellas encontramos personajes con identidad dramática, ni bien dibujados. En estas obras predomina el retrato de la atmosfera de los países orientales lejanos en que se desarrollan. Lo que permite a los músicos un ejercicio de imaginación para recrear mundos más soñados que reales.

Lakmé, penúltima obra para la escena de Delibes, es la que mayor éxito alcanzó de toda su producción operística. El que fue posteriormente su libretista con Philippe Gille, Edmond Gondinet, le sugirió escribir un libreto basándose en la novela de Pierre Loti, Rarahu o el Matrimonio de Loti, al que Delibes podría poner música.

El músico leyó la novela en un viaje en tren a Viena e inmediatamente acepto la oferta. Desde un principio Gondinet tuvo en la cabeza a la joven soprano americana María van Zandt para encarnar a la protagonista. La obra, aunque cambiada de localización, de Tahití a la India del Raj, fue estrenada con rotundo éxito en la Opéra Comique de París en abril de 1883 y se mantuvo en el repertorio de este teatro durante los siguientes ochenta años.

La enorme popularidad que alcanzó no impidió que con el paso de los años la obra fuese cayendo en el olvido y para el gran público solo quedaran para el recuerdo el Dúo de las flores (Sous le dôme épais) en el primer acto, para soprano y mezzo, y la espectacular Aria de las campanillas (Air des clochettes) para soprano del segundo acto.

Escuchada hoy en día, la obra resulta agradable con momentos muy conseguidos, como el primer dúo de Lakmé y Gerald, “Quel est le dieu qui te soutient?”, la romanza de Nilakantha, “Lakmé, ton doux regard”: Lakmé, tu dulce mirada, en el segundo acto y el otro dúo de los protagonistas en el último acto. Las escenas corales están bien logradas aunque resulten muy convencionales.

En el Teatro Real hemos podido disfrutar de un reparto más que respetable. Muy bien en sus cortas intervenciones Isaac Galán como Kouravar, Inés Ballesteros como Miss Ellen, Cristina Toledo como Miss Rose; estupenda Enkeledja Shkosa como Mistress Bentson, haciendo alarde de una voz carnosa y grande digna de papeles de mucha más enjundia.

Algo parecido ocurrió con la Mallika de Heloïse Mas que fue la compañera perfecta de Lakmé en el famoso dúo de las flores. Notable el Hadji de Gerardo López. El barítono David Menéndez fue un muy buen Fréderic. El amenazador Nilakantha tuvo en Stéphane Degout un notable intérprete, aunque me hubiese gustado una voz de bajo con más enjundia para el personaje.

Nuestro Xabier Anduaga nos hizo imaginar los que nos hubiese dado si no hubiese tenido una inoportuna lipotimia (función del día 1 de marzo). Tiene una voz bellísima, rica en armónicos, se desenvuelve sin problemas en la zona aguda, aunque en algún momento se le notó fatigado, cosa lógica a la vista de su estado de salud. Que vuelva pronto en plenas facultades porque estoy seguro de que va camino de una gran carrera.

Como Lakmé poco puedo decir de Sabine Devieilhe. Posee una voz pequeña que en un principio puede resultar poco atractiva, pero pasada esta primera impresión no me queda más que rendirme ante su exquisita línea de canto, su facilidad para los agudos aunque en alguno mostrase cierta tirantez, sus impecables coloraturas, su musicalidad fuera de serie y sus escalofriantes dotes dramáticas. No hizo Lakmé, fue Lakmé, frágil, enamorada, delicadamente trágica. Una maravilla.

Leo Hussain dirigió con un exceso de energía que no le cuadra mucho a este tipo de ópera. La música francesa, en obras como esta, necesita una mano muy hábil para mantenerse en ese punto medio en el que no se derroche energía, ni se pierda en excesos melifluos. Hussain lo logró en parte ya que la orquesta, que había estado gloriosa en el reciente Ocaso de los dioses, en Lakmé no ha tenido un rendimiento similar. El coro se defendió dignamente.

En conjunto una gratificante interpretación en concierto de una ópera hoy ignorada injustamente.

Francisco Villalba

 

Lakmé, Teatro Real (1 y 3 de marzo)

Director Musical I  Leo Hussain

Director del Coro I Andrés Máspero

Coro y Orquesta titulares del Teatro Real

(Coro Intermezzo / Orquesta Sinfónica de Madrid)

Lakmé I Sabine Devieilhe

Gérald I  Xabier Anduaga

Nilakantha I Stéphane Degout

Frédéric I David Menéndez

Mallika I Héloïse Mas

Hadji I Gerardo López

Miss Ellen I Inés Ballesteros

Miss Rose I Cristina Toledo

Mistress Bentson I Enkelejda Shkosa

Kouravar I Isaac Galán

 

Foto: Sabine Devieilhe y Héloïse Mas durante el famoso dúo de las flores / © Javier del Real - Teatro Real

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