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Crítica / Campanas y amén: de Ravel a Messiaen - por Luis Mazorra Incera

Madrid - 19/04/2024

El lenguaje de las campanas, incisivo más que misterioso en esta enérgica selección, sus frecuentes saltos interválicos obstinados, las afiladas disonancias por segundas o pequeños clusters por doquier…, fue el tema que vertebró la primera parte del concierto de las Series 20/21 del Centro Nacional de Difusión Musical, ofrecido por los pianistas Pierre-Laurent Aimard y Tamara Stefanovich, ya sea a duo (en las obras inicial y final de esta parte), como a solo (en las otras tres intermedias).

Con el “orfebre” (sic) y “apache” (sic) Maurice Ravel, nunca hay obra frívola (“orfebre”), ni tampoco poco atrevida (“apache”).

Su Entre cloches (Entre campanas) de Sites auriculaires para dos pianos (estrenada en su día, por cierto, por un dúo de pianos en el que figuraba nuestro ilerdense Ricardo Viñes), así lo demostró en el umbral de este programa. Una introducción con la controlada osadía del vasco-francés, tanto en un lenguaje, el de las campanas como dije, como insinuando la abstracción del siglo XX (¡por una obra aún escrita y estrenada el siglo anterior!).

Ravel, siempre una garantía, fue un acertado arranque para un concierto de natural enérgico que insistió en la naturaleza percusiva del instrumento rey del siglo anterior (el XIX), el piano, y que reservaba su plato fuerte y no menos incisivo, para el poliédrico Amén final, de otro galo, Olivier Messiaen.

El Cuarto estudio para piano "Campanas" de Vassos Nicolaou planteó por planos sonoros un estudio de notas repetidas, tremolos a dos manos, saltos… con aquella referencia figuralista clara: las campanas. Una socorrida coartada, pues, para esta forma de virtuosismo, el estudio, que tantas grandes obras para piano ha dado en el romanticismo, sus secuelas e ismos posteriores.

Carrillón nocturno (Tercera suite para piano, op. 18) de George Enescu volvió a aquella musicalidad de la mano del consumado violinista, director, pedagogo y compositor rumano en una obra de mayor belleza que mantiene una simbiosis entre la imagen metafórica aludida y, la tradición y lógica musicales.

La poderosa obra de Oliver Knussen, Prayer bell sketch op. 29 (Apunte de campana de oración) conjugó estas técnicas con relativo efectismo, apuntalando este claro sentido de unidad en programa.

Mucho más “picuda” y ambiciosa, de Harrison Birtwistle, su Keyboard engine esta vez ya sí para los dos pianos sobre las tablas del Auditorio 400 del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía: varios bloques de texturas claramente diferenciadas y un fulgurante despliegue técnico.

Brillante concertación de ambos, donde la componente rítmica y la definición de los planos sonoros superpuestos, un tanto imperativos en estas piezas y versión, eran la principal apuesta del concierto hasta ese momento. 

Un final de relativa brillantez antes de un amplio y merecido descanso que permitiera afrontar la última gran obra con relativa frescura.

Así afrontamos la obra monumental que polarizaba el interés de este concierto: las Visiones del amen de Olivier Messiaen.

Tour de force para todo dúo de pianos que se precie, por su exigencia técnica y por la resiliencia que exige para mantener la tensión de principio a fin, hasta el extenuante punto que exige Messiaen.

“Sobre-humana”, pues, en muchos aspectos, al margen de su expresa implicación religiosa. Una conocida implicación que puede recibir varias lecturas… que pueden oscilar desde lo técnico modal en su sentido más abstracto o “de espíritu” (también en todos sus enfoques más o menos tradicionales, incluidos los rítmicos y metafóricos…), a la más agresiva “visiónmaquinista-futurista que subyace oculta en su acerada pero trascendente asertividad.

Luis Mazorra Incera

 

Pierre-Laurent Aimard y Tamara Stefanovich, pianos.

Obras de Enescu, Knussen, Messiaen, Nicolaou y Ravel.

CNDM-Series 20/21.

Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Madrid.

 

Foto © Rafa Martín

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