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Críticas seleccionadas de conciertos y otras actividades musicales

 

Crítica / Brillante Retablo de Maese Pedro - por Esther Martín

Madrid - 22/02/2023

El pasado sábado 18 de febrero, a las 19.30, tuvo lugar en el Teatro Real uno de los conciertos que se presentan como una joya preciosista de la presente temporada 2022-2023. El Retablo de Maese Pedro de Manuel de Falla, que precisamente este año cumple el centenario de su estreno. El programa incluía también el Concierto para Clave de Falla y la Suite Pulcinella de Stravinski, con la participación de la Mahler Chamber Orchestra dirigida por Pablo Heras-Casado. El día ya había regalado uno de esos soles de invierno que calientan durante el día y dan paso al frío en cuanto se esconden, así que la oportunidad musical que brindaba la tarde se presentó como un buen refugio para el cuerpo y el alma.

La coincidencia de estos dos enormes compositores en un mismo programa no es casual. Stravinski acudió en Londres a un concierto en el que el mismo Falla dirigía las representaciones del Retablo y en cuyo programa también se incluía el Concierto para clave. Ambas obras causaron una favorable impresión en el maestro ruso, que lo describió así en sus memorias: “estas dos obras marcan, en mi opinión, un incontestable avance en el desarrollo de su gran talento…”. Así son varias las muestras existentes de afecto y admiración entre uno y otro.

Para reflejar y emular esta relación de amistad, el Teatro Real repartió las obras entre dos partes: durante la primera se interpretaría el Concierto para clave y la Suite Pulcinella, y en la segunda el Retablo de Maese Pedro. Y así las cosas, comenzó a sonar la música.

El Concierto para clave requiere de una instrumentación mínima de cinco músicos, violín, violonchelo, flauta travesera, oboe y clarinete que se unen a un clave protagonista de toda la pieza. En tres movimientos, esta música que creó Falla a comienzos del siglo XX, asesorado por Wanda Landowska, es un paso al frente hacia el compromiso con la tradición musical española arraigada en el Renacimiento pero con matices impresionistas. La interpretación del francés Benjamin Alard al clave fue precisa y delicada a la vez, un enorme ejercicio de expresividad e interpretación al que colaboraron magistralmente los solistas de la MCO, con mención especial para los vientos, y que el público aplaudió apreciativo.

Para la Pulcinella suite se reestructuró el espacio y pasaron todos los miembros de la orquesta. Ahora sí, la escena se atenía a un concierto tradicional, con el director en el centro. Y este no es un dato nimio, pues Pablo Heras-Casado a la batuta no pasa desapercibido. Su intención musical, la energía de cada gesto, se transmite a los músicos por canales invisibles pero efectivos, y estos responden con inmediatez a cada uno de sus requerimientos.

La Pulcinella suite, un ballet de ocho movimientos, fue estrenado en Parías con coreografía de Massine y decorados de Picasso, y tiene una relación directa con Falla, pues en un primer momento se le ofreció para que la compusiera, aunque hubo de reclinar la invitación para terminar otros trabajos en los que se hallaba inmerso. La suite que compuso Stravinsky bebe de fuentes que nacen en la commedia dell’arte, y en este sentido, reflejan la veneración del compositor por la música del pasado.

La MCO estuvo muy acertada en  su interpretación, aunque quizás resultó algo rígida la impresión total del conjunto pues en la naturaleza de esta música se percibe la necesidad de libertad.

 

Acabada la primera parte del concierto y tras un generoso descanso, dio comienzo la segunda parte en la que se interpretaría el deseado Retablo. La presencia de tres cantantes sobre el escenario, sentados frente al público y con vestimentas actualizadas, daban clara muestra de la versión de concierto que iba a tener lugar.

El barítono José Antonio López sería Don Quijote, mientras que el tenor Airam Hernández encarnaría a Maese Pedro y el niño Héctor López de Ayala Uribe a Trujamán. En La obra expuso una nueva faceta en la composición de Manuel de Falla, la de un músico del siglo XX muy relacionado con las nuevas corrientes que llegaban de todas partes de Europa, una representación relacionada con el Quijote que incluía títeres, pregones, apoyaturas y, en última estancia, un clave. Desde que se estrenó a comienzos de 1920 no ha dejado de representarse en diferentes lugares del globo, tal fue la repercusión de la obra.

Y aquí sí, no hay excepciones ni peros. Los 3 cantantes realizaron una labor impecable, y además, Héctor López de Ayala, en su papel de Trujamán, hizo un trabajo sobresaliente acompañando de gestos e intención los versos de su personaje. También fue loable el trabajo de la MCO en esta música tan necesitada de meticulosidad, precisión y capacidad para manejar rangos dinámicos más allá del que proporciona el timbre de cada familia instrumental. Por último, el maestro de ceremonias, Pablo Heras-Casado, supo dotar de personalidad cada parte de la obra e integrarlo en uel conjunto fabuloso que conforma este retablo, un conjunto que funcionaba como una maquinaria de reloj para, a la vez que los músicos tocaban, el público pudiera echar a volar su imaginación. Y así fue, allí pude ver y escuchar una conversación entre Falla y Cervantes.

Esther Martín

 

Clave: Benjamin Alard

Voces: Héctor López de Ayala, José Antonio López, Airam Hernández

Mahler Chamber Orchestra

Dirección: Pablo Heras-Casado

Teatro Real, Sábado 18 de febrero, 19.30

 

Foto © Javier del Real | Teatro Real

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