Los pasados días 26 y 27 de enero tuvimos ocasión de escuchar dos orquestas en los ciclos de Ibermúsica que se encuentran en un momento de reconocida trayectoria ascendente, por su calidad y su estudiada e inteligente elección de repertorio; muy adecuado en ambos casos, si bien las características que podrían definirlas, hacen de ellas dos formaciones bastante diferentes entre sí. No poco tienen que ver en esta excelencia los directores titulares de cada una de ellas, dos extraordinarias batutas que han sabido perfilar cada una de sus orquestas en virtud de la finalidad que persiguen. Indudablemente, al menos en las dos sesiones que nos toca comentar, lo que se desprendió de ambos conciertos fue arte de gran altura, atendiendo a los aspectos de mayor sustancia musical de las obras que incluían cada uno de los programas.
Bamberg
El concierto del 26 de enero con la Sinfónica de Bamberg dio comienzo con una chispeante Obertura de Las dos viudas de Smetana, perfectamente construida y explicada por Jakub Hrusa, quien desde esa primera toma de contacto dejó bien claros sus argumentos: técnica precisa al servicio de un objetivo exclusivamente musical que va más allá del mero espectáculo. Unas señas de identidad que hacen de él uno de los directores más interesantes del momento. Esos argumentos fueron de nuevo esgrimidos en el acompañamiento que ofreció a Sol Gabetta en el Concierto para violonchelo de Elgar, una obra que han tocado ya varias veces juntos, como podremos comprobar a nada que echemos un vistazo a la hemeroteca. Predominó una visión del aspecto más íntimo y supuestamente lírico de la obra, en una interpretación donde el director checo consiguió, prácticamente a lo largo de toda la partitura, dar la visibilidad que al instrumento solista le corresponde.
No obstante, lo más significativo del programa lo encontramos en la Quinta de Dvorak que ocupó toda la segunda parte del concierto. Hrusa demostró una vez más su afinidad con la música del checo, y ofreció una versión en la que resaltó, no sólo el indudable componente del folclore eslavo que la obra contiene, o su personalísima paleta orquestal, sino también su conveniente planificación y empleo de adecuados recursos expresivos; cualidades, estas últimas, que conectan al autor con algunos de sus modelos (Beethoven y Brahms, pero también Schumann). Sin duda, Hrusa acertó a transmitir la obra, no como una sinfonía puente entre las cuatro primeras y la gran trilogía final del compositor, sino como una partitura convenientemente definida en sí misma, donde se encuentra ya toda su personalidad perfectamente trasladada.
Toronto
El concierto del día siguiente (27 de enero) supuso la presencia, por primera vez en un festival de Ibermúsica, de la Sinfónica de Toronto, formación que cuenta con el valenciano Gustavo Gimeno como director titular desde la temporada 2020-21, quien comparte este cargo con el de director del Teatro Real desde el comienzo de la actual. La perfecta complicidad entre la batuta y la orquesta canadiense quedó patente desde el comienzo del programa, cuya primera parte estuvo integrada por el Concierto nº 2 de Rachmaninov.
Bruce Liu, un pianista en evidente trayectoria ascendente, acertó al imprimir en su versión el adecuado equilibrio entre los aspectos técnicos y emotivos de la obra. La atenta dirección de Gustavo Gimeno arropó de forma conveniente la labor del solista en todo momento, apoyándose en una orquesta perfectamente adecuada para esta música. Entre ambos destaparon la calidad contenida en esta música, a pesar de lo que suele escucharse a menudo acerca de ella en determinados círculos.
El óptimo estado de la agrupación canadiense quedó certificado, aún más si cabe, en la Quinta Sinfonía de Prokofiev que ocupó toda la segunda parte del programa. Una partitura difícil, con momentos de gran exigencia para los diferentes atriles de la orquesta, así como para la atención y planificación por parte de la batuta. El director valenciano cautivó con su versión desde el comienzo, demostrando su capacidad para ordenar, trenzar y transmitir el sustancioso material temático contenido en la partitura, a la que dotó de una lógica unidad, no fácil de obtener precisamente.
Como comenzábamos diciendo, dos orquestas y dos directores con características muy diferentes entre sí, pero en posesión de cualidades que los colocan en los niveles más elevados del panorama musical actual.
Rafael-Juan Poveda Jabonero
SMETANA: Las dos viudas, obertura.
ELGAR: Concierto para violonchelo.
DVORAK: Sinfonía nº5.
Sol Gabetta, violonchelo. Orquesta Sinfónica de Bamberg / Jakub Hrusa.
Auditorio Nacional de Música de Madrid, 26 de enero de 2026.
Ibermúsica.
RACHMANINOV: Concierto para piano nº2.
PROKOFIEV: Sinfonía nº5.
Bruce Liu, piano.
Orquesta Sinfónica de Toronto / Gustavo Gimeno.
Auditorio Nacional de Música de Madrid, 27 de enero de 2026.
Ibermúsica.
Foto: Jakub Hrusa y la Sinfónica de Bamberg / © Marian Lenhard