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Crítica - Bach, a partir de Pergolesi (Sinfónica de Galicia)

A Coruña - 13/01/2020

Valía la novedad este Stabat Mater de Pergolesi parafraseado en el Salmo 51: Tilge, Höchster, meine Sünde BWV 1083 por lo que variaba en cuanto al original sobre un texto luterano en alemán por las modificaciones instrumentales y cantables en las dos partes finales. Pero antes de entrar en materia, un par de piezas breves a cappella de coralismo veneciano con la firma de A. Lotti, atractivas por su concentración y sencillez, ofrecidas desde fuera de escena. Obras de Lotti, aparecerán en las colecciones particulares de J.S. Bach y G.F. Haendel. El Kantor de Leipzig, dispuso de la obra de Pergolesi para ejercicios con sus alumnos en sus talleres, tomándose la libertad de un libre tratamiento de revisarla.

Si la original desplegaba una escritura profusamente melismática y adornada, con sorprendentes contrastes, el planteamiento bachiano hará reconocibles otras perspectivas, por las pretensiones de adaptarla a los gustos de los adeptos de la Thomaskirche de Leipzig. Un Pergolesi  del que Bellini dirá que es el poema divino del dolor pero que en la aproximación  de la escucha, resultará en exceso redúndate. Mena, frente a la orquesta, mantuvo un pulso atento para que la soprano Jone Martínez y la mezzo Marianne Beate Kieland, obtuviese los más atinados resultados en cada uno de los versículos, en esta versión alemana y, en especial, en los abordados a dúo. Unos trinos contenidos y los adornos mantenidos con mesura; el dramatismo delimitado por silencios marcados y expresivos, y el Amén conclusivo que apuntalaba las dos últimos versículos, recreado en una apoteosis realzada con una sobrecogedora cadencia.

También el Magnificat, en Re M. BWV 243, de J.S.Bach, fue preludiado por otro par de motetes de Pierluigi da Palestrina. De nuevo, nos desplazamos al exterior, pero a otro lado de la sala. Claridad en la polifonía en Bonus est Dominus y Jesu Rex admirabilis, capricho de los solistas, ya que no figuraba en programa, pero una confirmación de quien fue predecesor. Un Magnificat en italiano, que corregía uno anterior en alemán, en el que, entre correcciones, variaba a la tonalidad de Re Mayor, además de eliminar las arias da capo.  El Coro de la Orquesta, de J.Company, supo batirse el cobre desde el Magnificat anima mea Dominum, para reafirmar el buen momento en Fecit potentiam in bracchio suo, dispersit seperbos mente cordis sui y en especial en Sicut locutus est ad patres nostros.

La sorpresa llegaría por Mena, añadiendo su aportación como contratenor en el dúo con el tenor J.A. Sanabria, Et misericordia eius a progenie in progenies, en el aria Esurientes implevit bonis y en el coro con trío Suscepit Israel puerum suum- aquí con Jone Martínez y Marianne Beate Kielland, en un cuadro de solistas a la altura de los requerimientos de repertorio, teniendo el barítono-bajo un rol de relativo rango. Carlo Mena, profundo conocedor de las obras y que supo encuadrar en los requerimientos el salmo bachiano como revisión de la escuela de Leipzig, de Pergolesi, le tuvimos hace unos meses como solista con el grupo Concerto 1700, de Daniel Pinteño, en un programa José de Torres-Giovanni Bononcini, en las actividades de Amigos de la Ópera.    

 Ramón García Balado

Marianne Beate Kielland, Jone Martínez, Juan A. Sanabria, J. A. López / Orquesta Sinfónica de Galicia y Coro / Carlos Mena / J.Company.
Obras de J. S. Bach, G.B. Pergolesi, A. Lotti y P. da Palestrina.
Paladio de la Ópera, A Coruña.

Foto: Carlos Mena durante los ensayos.

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