Sexto programa del Ciclo Recitales y Música de cámara de la OSCyL en la Sala correspondiente de su Auditorio, esta vez a cargo del pianista Kirill Gerstein (Vorónezh, 1979), primer año como Artista Residente en la Orquesta, que había demostrado ya su alto nivel interpretativo en la pasada temporada, no en vano sexto ganador del cuatrienal Gilmore Artist Award’2010 y actual Profesor en la Hochschule für Musik “Hanns Eisler” de Berlín y en la Kronberg Academy.
La línea argumental de su programa seguía la influencia de la Poesía en la producción de dos compositores románticos como Liszt y Brahms, apasionado el uno y reflexivo el otro, para tratar la pasión amorosa en su lírica y en su dolor.
Gerstein escogió del primero las 4 últimas de las siete piezas que integran su Libro “Años de peregrinaje”, II Año: Italia, S 161, escrito entre la primera mitad de las décadas 1830 y 40, recuerdos de su largo viaje por seis ciudades italianas culminado en Roma, acompañado de su amante la Condesa María d’Agoult, donde el Arte, la Belleza, el Amor y la Espiritualidad le calaron profundamente. Sonaron así, consecutivos, Tres Sonetos de Petrarca: 47.- “Benedetto sia …”; 104.- “Pace non trovo …”; y 123.- “I’vidi in terra …”, que en original eran canciones para voz y piano sobre esos poemas del s. XIV, que Liszt convirtió en casi nocturnos por su atmósfera contemplativa y las melodías ricamente armonizadas, siguiendo el sentido de unos textos que Kirill Gerstein tiene asimilados íntimamente, dando su aire agradecido y feliz al primero; de turbulencia en la duda, frustración y hondo desasosiego, culminados bellísimamente en esos acordes finales, esculpiendo como orfebre las notas agudas y su delicado acompañamiento; en el tercero consiguió hacer palpable alas y vuelos angélicos, con contrastes dinámicos medidos y expresivos que llenaron de emoción la Sala, cubierta casi al completo. La ovación estalló unánime.
La última pieza Después de una lectura de Dante, subtitulada Fantasía quasi Sonata, elevó aún más la emotividad en la Sala. Los dos fragmentos de la “Divina Comedia” en los que se inspiró Liszt (uno narrando las penas de los condenados al infierno y otro la trágica historia de amor de Francesca da Rímini), tuvieron en el piano de Gerstein su adecuado contraste dinámico y de carácter, tras la introducción tremenda que explota casi todas las posibilidades sonoras del piano. La tensión y la expresividad tuvieron sus momentos, gracias al fácil mecanismo que dejó oir cada sutileza escrita en este ejercicio de lirismo y pasión poética, tan del gusto de pianistas y público. Clamor absoluto.
Y en la segunda parte vino el Brahms juvenil de los 18 y 20 años que, admirando el trabajo de sus antecesores, quería incorporar algo nuevo a la Historia de la Música, lo que le generó serias dudas sobre la validez de sus producciones y la suya propia, sometiéndose, hasta estas dos elegidas por Gerstein, al juicio crítico de R. Scumann. En esta línea, el Scherzo en Mi b m., op. 4, que el autor destruyó pero que acabó por publicarse en el op. 5, junto con la Sonata para piano nº 3 en Fa m., expuestos así por el Artista Residente, que logró interpretar su sólida estructura, el apoyo en compositores anteriores añadido a su criterio reflexivo y el carácter sinfónico que quiso imprimir a su piano. El Scherzo, “turbulento de espíritu pero elegante en la forma” como lo definió A. Dietrich; estructura A-B-A-C-A, con dos tríos, juguetón y brillante el primero y lírico y expresivo el segundo, un poco en la línea Chopin de su “Scherzo nº 2. La tonalidad es infrecuente y oscura y sólo volvería a élla en su “Rapsodia op. 119/4”, su último trabajo pianístico.
La Sonata, dedicada a Iva von Hohenthal, en sus cinco movimientos, tuvo una interpretación extraordinaria. Se hizo notorio sin protagonismo el “tema del destino” de “la 5ª” de Beethoven jugando con las tonalidades entre los dos temas del majestuoso y gran Allegro inicial. El Andante relaciona los dos temas con esos corazones amantes descritos en los versos de O. Inkermann, que el autor escribe sobre sus pentagramas, en especial el bellísimo segundo, expresado con cuidadoso uso del pedal y fino toque en cada nota, hasta el creciente Lento que se recoge en pianísimo final, que Gerstein encadenó con el Scherzo, iniciado con cita del final del “Trío para piano nº 2” de Mendelssohn, y ecos del “motivo del destino” en el bajo del lírico Trío del Scherzo, cuyo tema íntegro se recupera como cierre. Hizo triste el Intermedio, cambiando a Si b m. el inicio del Movimiento II con la cita de Beethoven recorriéndole todo. Y con exquisito rubato el Rondó final, con las notas Fa-La-Mi del lema de su íntimo amigo J. Joachim, reflejado en las iniciales del “Frai Aber Einseman” (Libre pero solitario) en notación alemana; las 4 base del segundo tema y el controlado y brillante virtuosismo final, superado y ejecutado musicalmente con la naturalidad de quien realmente es un Artista. Las repetidas salidas obtuvieron el premio de dos nuevos Brahms, tan estupendos como todo el recital.
José Mª Morate Moyano
Kirill Gerstein, piano
Obras de F. Liszt y J. Brahms
Sala de cámara del CCMD de Valladolid