Sin nuevo director, tras la dimisión el pasado verano de Jorge Perdigón y declararse desierto el posterior concurso convocado para elegir a su sucesor, dio inicio la 42 Edición del Festival de Música de Canarias, con un homenaje a los 150 años del nacimiento de Manuel de Falla, a cargo de la Orquesta Sinfónica y Coro de RTVE al mando de su titular Christoph König con dos piezas emblemáticas del gaditano. Noche en los jardines de España, junto a Iván Martín al piano, impecable en la digitación y elegante en el fraseo. La obra recibió una lectura volcada hacia la música francesa, en más de una ocasión nos pareció escuchar a Debussy, obviando el componente andalucista, puesto de manifiesto por el idiomático piano de Iván Martín, resultando una versión evanescente y distanciada. La Vida Breve tuvo el gran hándicap de dos protagonistas inadecuados, la soprano Raquel Lojendio y el tenor Airam Hernández, voces sin el cuerpo vocal en central y grave que exigen sus respectivas partes, casi siempre inaudibles, a lo que contribuyo una batuta excedida en el volumen sonoro, de estilo escasamente racial, donde todo, incluido su fragmento más conocido el intermezzo, pasó sin pena ni gloria.
Los conciertos de la Sinfónica de la Radio de Baviera dirigida por Paavo Järvi, debutante en el Festival, fueron dos de las cumbres del certamen tanto por la magnitud del conjunto bávaro, como por la hondura y musicalidad de la batuta, en unos programas del más acendrado repertorio centroeuropeo, Mozart, Sinfonías 31 y 38, Schubert, Sinfonía nº 9 y Bruckner, Sinfonía nº 4. El estonio en plena madurez interpretativa, nos dejó lecturas plagadas de pequeños detalles que renuevan el interés por el repertorio más frecuentado, sin perder el hilo de los grandes desarrollos sinfónicos. Un Mozart con cuerpo, 40 cuerdas, pero a la vez grácil y elegante, un Schubert de tonalidades oscuras que recreó con mimo los hermosos temas y un Bruckner edificado con maestría, graduando diestramente las tensiones de sus monumentales y extenuantes crescendos, que los músicos bávaros defendieron con ardor y sin síntomas de agotamiento.
Juja Wang fue el eje del siguiente concierto junto a la Mahler Chamber Orchestra y el director Fabien Gabel, que ofrecieron la Suite de Pulcinella de Stravinsky, angulosa y vital en su recreación del XVIII napolitano y dos números de la música de ballet del Idomeneo mozartiano, briosas y encendidas. Junto a la Wang nos dejaron una lectura muy precisa del poco agradecido Concierto para piano de Ligeti, teclado de sonidos percutidos frecuentemente en registros extremos y el Concierto nº 1 para piano de Chopin, bajo la dirección de la propia pianista, un prodigio de musicalidad y belleza sonora, minucioso hasta la filigrana, muy libre en el uso del rubato, que arrancó atronadoras ovaciones del público.
La orquesta de la Radio de Stuttgart y su titular François-Xavier Roth propusieron un programa dedicado al impresionismo francés con ejemplares Preludio a la siesta de un fauno de Debussy y Dafnis y Cloe de Ravel, en su versión completa, de sugerente colorido, plagado de contrastes de dinámica y color, con una amplia sección de maderas especialmente acertada. Emmanuel Pahud ofreció el Concierto nº 1 para flauta y orquesta de Mozart, luciendo un sonido timbrado y con garra, impecable en el estilo y de exultante virtuosismo en las cadencias, al que la batuta arropó con precisión y atención a los volúmenes orquestales.
La Orquesta Filarmónica de Gran Canaria y su titular Karel Mark Chichon protagonizaron una velada de raíces hispánicas, con el Sombrero de tres picos de Falla en versión completa, exultantemente racial, con un primer cuadro de sonoridad abrupta, que se tornó más delicada en el segundo. La segunda parte dedicada a Ravel incluyó una sugerente y bien modulada Rapsodia Española, Pavana para una infanta difunta, certeramente melancólica y el Bolero, donde la batuta acertó a plasmar el progresivo incremento de la tensión pese al notorio desliz de algún solo, trombón tenor, y una caja no siempre audible en el primer tramo de la pieza.
Programa ruso el de Pablo González con la Sinfónica de Tenerife. El Concierto para violín nº 1 de Shostakovich tuvo en Vadim Repin a un violinista de sonido cálido y equilibrado. Superados los problemas de afinación que lastraron el primer movimiento, nos dejó una lectura doliente e interiorizada, especialmente notable la Passacaglia y la cadencia posterior. Atento González al frente de una orquesta a la que podría haber contenido más frente a un solista de proyección sonora algo limitada. Los Cuadros de una exposición de Mussorgsky/Ravel obtuvieron una lectura deslavazada, alternando aciertos, el Viejo Castillo con su melancólico solo de saxo, y desaciertos como la incapacidad de la tuba en su muy expuesto solo en Bydlo o la excesiva lentitud impuesta a la gran puerta de Kiev que convirtió la coda en un anticlímax.
Hermosísimo programa el de Jakub Hrúsa al frente de la Sinfónica de Bamberg que abrió una trepidante y virtuosa obertura de Las dos viudas de Smetana, para continuar con el Concierto para cello de Elgar a cargo de Sol Gabetta de sonido aterciopelado y virtuosismo trascendido que nos dejó una lectura elegiaca, trabajadísima en el fraseo y los volúmenes, con inmateriales pianísimos, junto a Hrúsa que ajustó el sonido orquestal al volumen de la solista sin merma de intensidad interpretativa. La Sinfonía nº 7 de Dvorak obtuvo una lectura referencial, vibrante y dramática, que desplegó con delectación los amplios temas de raíz eslava al frente de una orquesta impecable sin un punto débil, tal es el equilibrio y ajuste entre todas sus secciones. No extraña que Hrúsa se anuncie como el titular del Covent Garden y la Filarmónica Checa.
La Filarmónica de Montecarlo y su titular Kasuki Yamada, ambos debutantes en Canarias, nos dejaron un notable Beethoven: Obertura Coriolano certeramente plasmada en su alternancia de arrebato y placidez, de sonido rotunda pese a contar solamente con 40 cuerdas y un Concierto nº 5 Emperador, junto al pianista Martin Helmchen cuya visión de la obra entroncó con el romanticismo centroeuropeo, aseado en la digitación y haciendo un muy personal uso de los tempi, que propició algún desencuentro con la orquesta. La Sinfonía nº 3 “Escocesa” de Mendelssohn obtuvo una lectura apasionada y hermosamente cantada por parte de la batuta, que situó en primer plano a las excelentes maderas, de una penumbrosa y rústica sonoridad francesa hoy poco frecuente incluso en Francia, especialmente clarinetes y fagotes, regulando con seguridad volúmenes y tempi a un conjunto atento, recio y empastado, con la excepción de un solista de trompa no siempre entonado.
Cerró el Festival Arcadi Volodos con un programa sin concesiones ni pausas entre movimientos o entre las distintas piezas, que inició la Sonata nº 20 en La mayor de Schubert, en la ilustre línea de grandes pianistas rusos como Richter o Leonskaja, de sonoridad densa y austero en el fraseo, amplios silencios muy remarcados y una pulsación matizadísima que nos llevó de los susurros a los grandes trallazos, en ocasiones descarnados, en una lectura ensimismada, desasosegante y plagada de claroscuros, que no evitó algún pasaje emborronado en el primer movimiento. En la segunda parte dedicada a Chopin, lejos de cualquier tentación meliflua que tanto daño ha hecho a la música del polaco, 3 mazurcas y el Preludio op 45 en do sostenido menor, ejecutados con arrobo y un sublimado sentido de la danza, prístinamente articulados, sirvieron de preludio a la Sonata nº 2, rebelde y aristada sin pérdida de vuelo lírico, con la celebérrima marcha fúnebre, eje de la pieza, de la que nos ofreció una lectura negra y de tensiones magistralmente plasmadas, que incluyó una parte central cantada con delectación.
Concluyendo, cierra una edición de un elevado nivel interpretativo en casi todas sus propuestas, que incluyó una alentadora respuesta del público asistente y con la incertidumbre de conocer el nombre del próximo responsable del certamen y su línea de programación.
Juan Francisco Román Rodríguez
42 Festival de Música de Canarias 2026
Auditorio Alfredo Kraus, Las Palmas de Gran Canaria
Foto: El Festival fue clausurado con el gran concierto de Arcadi Volodos / © Raquel Cavero