Música clásica desde 1929

Parsifal vuelve al Liceu dirigido por Claus Guth y Josep Pons

20/05/2023

El Gran Teatre del Liceu y Parsifal (1882) de Richard Wagner (1813-1883) viven una larga historia de amor. Cuando se estrenó en el Festival de Bayreuth (Alemania) se anunció que los derechos de exhibición de esta obra considerada como el testamento artístico e intelectual del compositor caducarían el 1 de enero de 1914.

Adelantándose a los teatros de todo el mundo, el Liceu fue el primero en ofrecerla a su público levantando el telón a las 11 de la noche (12 en Alemania) del 31 de diciembre de 1913. Es por ello que cada vez que Parsifal regresa al Liceu se convierte en todo un acontecimiento.

Sus necesidades artísticas e interpretativas están al alcance de pocos coliseos ya que precisa de una orquesta de más de 100 músicos, un coro enorme –incluyendo uno infantil– y un reparto de cantantes capaces de abordar algunos de los personajes más complejos de la lírica universal. Son cuatro horas y media de una música que ha sido calificada simplemente como sublime. 

El Liceu la recupera en una producción propia –en colaboración con la Opernhaus-Zürich– que firma Claus Guth dirigida desde el podio por el director musical del Gran Teatre, el maestro Josep Pons, de probada y contrastada excelencia en el repertorio wagneriano.

El Liceu contará con un reparto de estrellas encabezado por Nikolai Schukoff (Parsifal), Elena Pankratova (Kundry), René Pape (Gurnemanz), Matthias Goerne (Amfortas), Evgeny Nikitin (Klingsor) y Paata Burchuladze (Titurel), con las Muchachas Flor interpretadas por Isabella Gaudí, Núria Vilà, Mercedes Gancedo, Sonia de Munck, Tànit Bono y Marifé Nogales.

Junto al Cor del Gran Teatre del Liceu que dirige Pablo Assante colaboran el Cor Infantil Amics de la Unió (Josep Vila Jover, director) y la Coral Càrmina (Daniel Mestre i Dalmau, director). Se ofrecerá un total de seis funciones entre el 25 de mayo y el 6 de junio. La obra se retransmitirá en streaming –en diferido y a todo el mundo– desde la plataforma OperaVision de Opera Europa el 7 de julio. (La grabación la hará el equipo técnico del propio Gran Teatre durante la función del 7 de junio). 

Parsifal está considerada como una de las obras fundamentales del legado estético e intelectual de Wagner. El compositor le dio vueltas al tema durante tres décadas hasta completar su composición inspirándose en la leyenda del Grial acuñada por Wolfram von Eschenbach (Parzival) y por Chrétién de Troyes (Perceval ou le Conte du Graal).

Wagner la escribió pensando especialmente en el Teatro de Bayreuth, concebido según sus requerimientos artísticos; para su estreno aplicó toda la experiencia técnica, musical y dramática adquirida previamente con El anillo del nibelungo (completado en 1874) y así conseguir los efectos teatrales que buscaba.

Las dimensiones de Parsifal le obligaron a realizar ajustes en el foso orquestal y, en general, se tuvo que se adaptar todo el edificio a sus necesidades acústicas y escénicas; ocultar parte de la masa orquestal en el foso, prácticamente bajo el escenario, fue una de las soluciones técnicas que Wagner ideó: consideraba que la invisibilidad de los músicos era fundamental durante la interpretación de esta ópera que él mismo prefirió llamar “festival escénico-sagrado”

Asumirá el papel protagonista el tenor Nikolai Schukoff, quien lo incorporó a su repertorio en 2007 en la Bayerische Staatsoper de Múnich (sustituyendo a Plácido Domingo). Tras 17 años interpretando el rol en diversas propuestas escénicas, el cantante austriaco –que debutó en el Liceu la temporada 2010/11 con Iphigenie auf Tauris de Gluck ha acumulado la experiencia necesaria para ofrecer un personaje completo y que mueve a la emoción.

Escrito para una voz que transita entre las tesituras de tenor y barítono, exige brillantes subidas al agudo y el intérprete debe ser capaz de hacer creíble el perfil de un héroe que evoluciona desde la juventud del primer acto al Parsifal maduro de los dos posteriores.  

Parsifal posee una música excepcional ya desde su impresionante preludio. De gran fuerza simbólica, su trama camina tras el concepto de la redención de la mano del protagonista, un héroe-salvador que ignora sus orígenes –e incluso su nombre–, personificando la inocencia y la compasión.

La obra posee momentos de gran tensión dramática, como el gran dúo de casi cuarenta minutos del segundo acto en el que Parsifal y la seductora Kundry mantienen un acalorado encuentro. En esta escena el héroe se enfrenta con su pasado ante una mujer que intenta conquistarle, pero que también le consuela como una madre; ella desea obtener del héroe un primer beso de amor y de esta manera hacerlo suyo y del mago Klingsor, tal y como había hecho años antes al amar por mandato de su amo al noble Amfortas, agónico desde entonces. Pero el beso funciona de manera inesperada: Parsifal se da cuenta del valor de su misión y Kundry debe aceptar que ama a un muchacho en cuya inocencia, precisamente, radica su redención. 

De proporciones colosales, la partitura posee más de cuatro horas de música y el espectáculo, en total, abarca más de cinco.

La producción

La producción de Claus Guth –un director de escena que indaga en las capas de mayor profundidad psicológica de las obras que moldea– sitúa la acción en esa Alemania hundida y arrasada tras la Primera Guerra Mundial, específicamente en un hospital para mutilados de guerra.

En ese espacio poético, decadente y cruzado por traumas y despojos humanos, habitan los caballeros que custodian el sagrado Grial, en este caso personificados por los médicos del sanatorio. Las enfermeras y enfermeros son los escuderos y el mago Klingsor se transforma en el propietario de un burdel. Gurnemanz aparece como si fuera un sacerdote y el viejo Amfortas es el decrépito director del sanatorio. Los internos esperan la llegada de un nuevo salvador, pero este montaje, que actualiza el mito, advierte sobre los falsos redentores. ¿Será en realidad este nuevo héroe –que finalmente consigue lo que se propone– un falso ídolo que llevará a su sociedad a una catástrofe todavía peor que la vivida? 

La propuesta presenta un detalle que ayuda a comprender su reflexión sobre la autoridad en un mundo tensionado por el bien y el mal: al final Kundry marcha al exilio con una maleta. Desde las primeras interpretaciones de la obra, siempre se le ha identificado con la comunidad judía; en esta producción, su huida es el presagio de la llegada del nazismo (o del miedo de que vuelva a suceder algo parecido).

Aglaja Nicolet se encargará de la reposición de este montaje que cuenta con escenografía y vestuario de Christian Schmidt, coreografías de Volker Michl, diseños de iluminación de Jürgen Hoffman y vídeos de Andi A. Müller.

 

Foto © A. Bofill

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