Música clásica desde 1929

Opinión / En memoria de Constantin Floros (1930–2026): la musicología universal y el humanismo - por Paulino Capdepón Verdú

16/09/2026

La musicología internacional ha perdido a una de sus figuras más eminentes e influyentes del último siglo. Constantin Floros, nacido en Salónica (Grecia) en 1930, encarnó de manera inimitable el ideal del humanismo universalista: alejado de la especialización compartimentada que a menudo aísla las disciplinas del saber, el profesor Floros demostró a lo largo de una ingente y modélica trayectoria que la música constituye un documento humano, un cosmos dotado de un profundo mensaje espiritual, poético y existencial. Su magisterio (forjado durante más de tres décadas en la Universidad de Hamburgo y respaldado por una obra escrita de alcance monumental, traducida a numerosas idiomas que abarcó desde la Edad Media hasta la música contemporánea) continúa iluminando el horizonte de la investigación musical, la interpretación y el pensamiento estético contemporáneo.

La trayectoria biográfica e intelectual de Constantin Floros estuvo caracterizada desde sus inicios por una asombrosa amplitud de horizontes. Tras estudiar composición, musicología e historia del arte en Viena –llegando a sentir tal fascinación por las artes visuales que su propio profesor de la universidad vienesa, Carl Swoboda, le propuso preparar una segunda tesis doctoral en Historia del Arte–, Floros destacó como uno de los alumnos más brillantes del célebre director de orquesta Hans Swarowsky. De hecho, un giro del destino pudo haber cambiado el curso de la historia musical: siendo estudiante, fue seleccionado para dirigir un prestigioso concierto estival en Bad Aussee ante el entonces presidente de la República de Austria, Theodor Körner. Sin embargo, a una semana del evento, presiones políticas y nacionalistas apartaron al joven Floros en favor de un director austriaco nativo. Aquella profunda decepción desvió su energía vital hacia la musicología. Se perdió un gran director de orquesta, pero la musicología internacional ganó un gigante que haría historia.

A finales de los años 50, becado por la prestigiosa Fundación Alexander von Humboldt, se trasladó a Hamburgo para doctorarse y habilitarse bajo la tutela de Heinrich Husmann, figura capital de quien heredó dos máximas metodológicas inquebrantables: no afirmar jamás nada que no se pueda demostrar y ampliar constantemente el horizonte del conocimiento. Asumiendo el lema del filólogo Ernst Robert Curtius de que “la especialización sin el universalismo es algo ciego, y el universalismo sin la especialización es una pompa de jabón”, Floros construyó un puente indestructible entre la filología rigurosa, el análisis musical, la historia cultural y la hermenéutica.

La producción científica de Constantin Floros abarca desde la Edad Media hasta la vanguardia del siglo XX, jalonada por descubrimientos revolucionarios que transformaron los paradigmas establecidos. En el ámbito de la paleografía medieval, su monumental trilogía Universale Neumenkunde (1970) derribó las teorías precedentes sobre el origen de los neumas gregorianos, demostrando convincentemente los nexos y raíces bizantinas y eslavas de la notación musical occidental, logrando asimismo descifrar la complejísima notación kondakaria de los manuscritos rusos antiguos de los siglos XI al XIII. En la historiografía de la Segunda Escuela de Viena, demostró de forma pionera que la música de Alban Berg era indisociable de su biografía interior, destapando el programa oculto y cifrado de la Suite Lírica y su apasionada relación con Hanna Fuchs, lo que confirmó que el concepto de “música pura o autónoma” debía ser matizado frente al poder irrefrenable de la vivencia personal.

Su monumental trilogía sobre Gustav Mahler (1977–1985), integrada por Gustav Mahlers Weltbild, Mahler und die Symphonie des 19. Jahrhunderts y Die Symphonien, se consagró como un pilar absoluto de los estudios mahlerianos al demostrar que sus sinfonías, lejos de ser pura abstracción, están impregnadas de programas ocultos, asociaciones literarias, vivencias autobiográficas (erlebte Musik) y profundas conexiones con el mundo espiritual y filosófico del siglo XIX, un mérito por el cual fue nombrado presidente fundador de la Sociedad Mahler de Hamburgo y galardonado con la Medalla de Oro Gustav Mahler. Del mismo modo, a través de sus estudios sobre Beethoven, la reinterpretación de Brahms como autor de una “música poética” vinculada a impulsos extramusicales, su innovadora visión de Anton Bruckner (integrando su música sinfónica y su obra sacra en una unidad indisoluble) y sus monografías sobre Mozart y Chaikovski, Floros supo desentrañar el alma creadora de los grandes maestros superando falsas dicotomías historiográficas.

Frente al reduccionismo analítico de las escuelas puramente estructuralistas, a las que denominaba con ironía analistas de “contadores de habas” por reducir las partituras a meras bases de datos formales, Floros alzó la bandera de la semántica musical. En obras fundamentales como Musik als Botschaft (La música como mensaje), Der Mensch, die Liebe und die Musik (El hombre, el amor y la música) o Hören und Verstehen (Oír y comprender), el pensador argumentó que la misión de la musicología no es únicamente desglosar acordes y contrapuntos, sino descifrar el mensaje ético, estético y humano que el compositor vuelca en su obra, entendiendo que la música es ante todo un lenguaje de afectos, un espejo de la condición humana y un diálogo ininterrumpido entre el creador y su tiempo.

La talla intelectual de Constantin Floros se complementaba de manera excepcional con una proverbial generosidad y bondad humana. Maestro de generaciones de investigadores en todo el mundo, su legado quedó plasmado con entrañable franqueza en su autobiografía científica Passion Musik (2017), donde repasó su vida, sus debates metodológicos contra dogmatismos de moda y su inquebrantable pasión por la verdad científica. Como señaló acertadamente el profesor Martin Geck, sin Constantin Floros el paisaje musicológico actual sería una región mucho más pobre, y su obra permanece como faro inmarcesible, recordándonos que el estudio riguroso de la música solo cobra verdadero sentido cuando se abraza al servicio del humanismo, de la profundidad espiritual y del entendimiento integral del hombre.

La recepción del pensamiento de Constantin Floros en el ámbito hispano ha supuesto un acontecimiento de incalculable valor para la musicología en español, gracias al compromiso editorial de instituciones académicas tan prestigiosas como la Universidad de Salamanca y la Universidad de Castilla-La Mancha. Estas universidades han desempeñado una labor encomiable al incorporar los textos capitales del maestro greco-alemán a nuestro idioma, permitiendo que la comunidad investigadora y los amantes de la música en España accedan de primera mano a las fuentes fundamentales de su semántica y su hermenéutica musical.

Este ambicioso puente cultural y académico no habría sido posible sin el rigor y el gran talento de la musicóloga Nieves Pascual León: su labor traductora va mucho más allá del mero trasvase lingüístico; constituye una recreación magistral capaz de verter al castellano la densidad conceptual, la elegancia estilística y la profundidad humanística propia de la prosa alemana de Floros sin traicionar un solo matiz de su pensamiento. Gracias a su encomiable empeño, obras indispensables como La música como mensaje y El hombre, el amor y la música (editadas por Ediciones de la Universidad de Salamanca gracias al interés y apoyo de Matilde Olarte y Antonio Ezquerro), así como los volúmenes Anton Bruckner. Personalidad y obra; Gustav Mahler: visionario y déspota; Escuchar y comprender. El lenguaje de la música y su significado; y los dos primeros tomos de su celebrada trilogía mahleriana antes citada (todos ellos publicados por Ediciones de la Universidad de Castilla-La Mancha), se han convertido en herramientas imprescindibles y de referencia obligatoria en los planes de estudios y bibliotecas universitarias de nuestro país.

La dedicación de Nieves Pascual al traducir con tanta precisión el legado de Constantin Floros ha enriquecido notablemente nuestro conocimiento musicológico, además de consolidar un espacio de reflexión humanista indispensable que engrandece el estudio y la comprensión de la música en el mundo hispanohablante.

Para quienes tuvimos el privilegio de cruzar el umbral de su magisterio en el Instituto de Musicología Histórica de la Universidad de Hamburgo en los años 80 del siglo pasado, la figura de Constantin Floros trasciende con creces la del sabio universal para convertirse en un guía vital e intelectual inolvidable. Recordar aquellas sesiones de estudio y sus inolvidables tutorías es evocar una forma única de entender la docencia: una combinación irrepetible de rigor académico y una infinita generosidad humana. En la universidad alemana al director de tesis se le denomina Doktorvater (padre doctoral) y eso es lo que fue realmente para mí hasta el día de hoy.

Como discípulo suyo en la licenciatura y en el doctorado de musicología en la universidad de Hamburgo, puede comprender desde el primer día que la partitura era un organismo vivo rodeado de historia y emoción. Su visión, siempre aguda y profundamente culta, nos enseñó a desconfiar de los dogmatismos formales y de los reduccionismos analíticos, invitándonos permanentemente a buscar el alma y el mensaje humano detrás de cada obra. Aquella estancia de investigación y convivencia académica en Hamburgo durante cinco largos e inolvidables años dejó una huella imborrable en mi formación: me legó la convicción ética de que la musicología debe ser siempre un ejercicio de altura humanística y un compromiso inquebrantable con la verdad. Hoy, al repasar su legado, su voz vuelve a resonar en mi memoria con la gratitud intacta de quien supo recibir de un maestro excepcional las herramientas del saber y una nueva manera de mirar y sentir la música.

En los últimos años, sabiendo de su delicada salud, tuve la oportunidad de visitarle en numerosas ocasiones, compartiendo recuerdos y vivencias, pero también estableciendo una relación humana que ha marcado toda mi trayectoria. En el plano académico, Constantin Floros siempre estuvo interesado en apoyarnos participando en nuestras publicaciones, prueba de lo cual fueron sus extraordinarias aportaciones a sendas publicaciones sobre Mozart (Editorial Academia del Humanismo), Beethoven (Tirant lo Blanch) o la presencia de España en la ópera europea (Peter Lang), además de colaborar en nuestra revista Cuadernos de Investigación Musical.

Gracias por todo, maestro. Descansa en paz.

por Paulino Capdepón Verdú *

 

* Catedrático de Historia de la Música en la Universidad de Castilla-La Mancha y Director del Centro de Investigación y Documentación Musical-Unidad Asociada al CSIC.

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