Como #lecturasdeverano proseguimos publicando en abierto la sección #LasMusas, hasta ahora solo en papel, donde las mujeres escriben sobre mujeres, una tribuna libre mensual donde rescatar la figura de compositoras, cantantes, instrumentistas, profesoras, musicólogas, directoras, etc.
En esta ocasión publicamos la realizada para la revista de junio de 2025 por Estrela Fernández Arias.
ROSA GARCÍA ASCOT, OTRA MUSA OLVIDADA
por Estrela Fernández Arias *
Rosa García Ascot es la heredera del legado de Manuel de Falla, sin embargo poca gente conoce su nombre, siendo una de las compositoras e intérpretes españolas más destacadas de una generación de intelectuales como la del 27. Alumna de Pedrell, Granados y Turina, tuvo una enriquecedora formación musical y pianística, pero es con Manuel de Falla con quien estudia más años, siendo la única alumna/o que regularmente recibió sus clases, formándola de una manera que no limitaba su creatividad y autenticidad, lo que hizo crecer un estilo único y genuino. En los últimos años, antes de su exilio en México, se muda a París, donde continúa su formación con Nadia Boulanger.
Además de compositora, cabe destacar su faceta como intérprete. La prueba de ello es que Manuel de Falla le ofrece tocar la parte solista de las Noches en los jardines de España en 1920 junto a él, en una versión para dos pianos, en la Sala Gaveau de París, recital al que asistiría como espectador Ravel y del que quedaría fascinado.
Son Manuel de Falla y la Residencia de Estudiantes los enlaces gracias a los cuales García Ascot establecerá relación con la generación de músicos y poetas del 27, entre ellos con Federico García Lorca. Gracias a éste, conoce gran parte de la música popular y Lorca la admira en su faceta como intérprete y pianista. Muestra del cariño que se profesaban, es el regalo que el poeta le hizo en uno de sus cumpleaños, en el que le dedica Corona poética o pulsera en flor, poesía acompañada de ilustraciones.
En el siglo XX, la composición, a diferencia de la interpretación, era ejemplo de máxima hegemonía patriarcal. En lo que concierne al plano musical de la época, las mujeres eran aceptadas como intérpretes y docentes en instrumentos que no supusiesen una actividad “antiestética” o poco femenina, por lo que los instrumentos de viento madera, viento metal y percusión quedaban restringidos para el uso de los hombres; no en el caso del piano, el arpa, el canto y excepcionalmente en instrumentos de cuerda frotada. La composición en la época escapaba de los roles femeninos, ya que al considerarse una actividad creativa, se creía que pertenecía exclusivamente a los hombres. La crítica musical, también en manos de hombres mayoritariamente, dificultaba la labor profesional de la mujer compositora.
A pesar de este contexto, Rosa García Ascot estuvo bastante apoyada por los hombres de su entorno. Su familia, aunque en un inicio fue algo reticente, es convencida por Pedrell para que se dedique profesionalmente a la música. También será respetada y admirada por su maestro Falla. El apoyo de su marido Jesús Bal y Gay es digno de resaltar, ya que dentro de la sociedad de la época y siguiendo el testimonio de la compositora, la apoya y anima para que siga componiendo e interpretando en público; incluso una vez casada, se muda sola a París para estudiar con Nadia Boulanger. El Grupo de los Ocho (equivalente musical a la Generación del 27), del que forma parte, muestra gran admiración hacia ella. Es sin duda una mujer que gozó de ciertas “facilidades” dentro de la sociedad a la que perteneció, todas ellas merecidas debido a su gran talento.
En el exilio en México abandona la composición y progresivamente la interpretación, y abre una sala de exposiciones de arte llamada Galería de arte Diana, en la que organiza ocasionalmente exposiciones dedicadas de forma individual o grupal a artistas femeninas, entre ellas la mujer de Stravinsky, Vera. De esta forma apoya a la mujer artista y busca la promoción de su obra. Sin embargo, Rosa García Ascot ha sido caracterizada muchas veces por sus inseguridades al tocar en ambientes públicos y tal vez haya influido en su carácter y en sus preocupaciones el moverse en un ambiente masculino. A esta situación de desigualdad, se añaden la falta de un ambiente propicio para el desarrollo de su labor creativa, unida a las obligaciones impuestas de tipo doméstico y familiar, que le restaban gran parte de su tiempo y la alejaban de la creación.
La falta de referentes femeninos en ámbitos como la composición hacen que el número de mujeres que se ocupen de ello sea reducido. Al no haber obras públicas a las que acceder de estas mujeres, ni programarlas en los escenarios, dio resultado a la situación marginal que hubo y que sigue en la actualidad. Se debe considerar y reconocer el trabajo de todas ellas, no por el hecho de ser mujer, si no por su gran calidad, ya que sus obras no llegaron a formar parte del repertorio habitual de las salas de conciertos. Ejemplo de ello, es el de Rosa García Ascot, una compositora e intérprete de lo más importante y representativo de su época, caída en el olvido, tanto en las salas de conciertos como en la historia de la música.
* Estrela Fernández Arias
Flautista y docente comprometida con la investigación musical, se dedica a recuperar y visibilizar el repertorio de compositoras, enriqueciéndolo en la interpretación y difusión. Su labor incluye integrar estas obras desde las etapas iniciales en los conservatorios profesionales, promoviendo la equidad en la música.
Foto: Retrato de Rosa García Ascot por Moreno Villa.