Como #lecturasdeverano, continuamos con la publicación en abierto de las distintas entrevistas realizadas en la sección “Contrapunto”, publicadas en nuestra revista RITMO en su edición de papel, a personalidades de la cultura, y que solo estaban disponibles en dicho formato.
En esta ocasión publicamos la realizada para la revista de febrero de 2026 (por Gonzalo Pérez Chamorro).
MÒNICA MARGARIT
Damos la bienvenida a Mònica Margarit, experta en organizaciones sociales y educativas, que fue directora general de la Fundació Princesa de Girona: “el entorno económico y social en el que nacen los niños influye muchísimo en su acceso a los diferentes ámbitos de la cultura: si hay libros en su casa, sus padres leen y escuchan música, todo cambia”.
por Gonzalo Pérez Chamorro
¿Recuerda cuál ha sido la última música que ha escuchado?
Ayer por la noche, mientras leía antes de acostarme, las Sonatas para piano de Mozart interpretadas por Maria Joao Pires.
¿Y recuerda cuál pudo ser la primera?
Recordar recordar creo que no, pero supongo que serían los discos que mis padres ponían en casa cuando nací (chanson francesa, Paco Ibáñez, Mina y Milva…) y por supuesto las canciones infantiles catalanas que me cantaban ellos y mis abuelos desde que era un bebé.
Teatro, cine, pintura, poesía… ¿A qué nivel pondría la música con las demás artes?
En el mismo nivel, cada una de ellas me aporta consuelo de formas distintas. La música y la literatura tienen la ventaja de que uno puede llevarlas encima y por tanto inciden de forma más cotidiana y permanente en nuestra vida, creo.
Qué habría que hacer para que la música fuera pan de cada día…
Aumentar su presencia en la educación de nuestros niños y adolescentes para despertar su interés por ella de forma entusiasta (algo parecido a lo que habría que hacer con la literatura). Buenos maestros, sobre todo.
¿Cómo suele escuchar música?
En Spotify o en directo. He llegado tarde al regreso al vinilo que sí han hecho mis hijos.
¿Qué ópera (o cualquier obra musical, etc.) le hubiera gustado componer?
Carmen, de Bizet.
¿Qué personaje le hubiera gustado cantar o interpretar en el escenario?
Carmen o Violeta, depende del día...
¿Teatro o sala de conciertos favorita?
Me encanta ir al Teatro Real y al Auditorio Nacional, pero disfruto también muchísimo escuchando otras músicas en directo; Madrid tiene una oferta de salas de música en vivo impresionante. Frecuento Recoletos Jazz, donde he descubierto mucho talento que no conocía y he escuchado en ese formato pequeño maravilloso a músicos enormes.
¿Un instrumento?
La voz, sin duda.
¿Y un intérprete?
Muy difícil responder a esta pregunta. Como tenores Pavarotti y Beczala son mis preferidos, pero no puedo dejar de mencionar a Joan Manuel Serrat, a Miguel Poveda, a Estrella Morente o a Sara Vaughan y Celia Cruz, a todos ellos los escucho muy a menudo...
¿Un libro de música?
Cualquiera de los libros sobre música de Ramón Andrés.
Por cierto, qué libro o libros tiene abierto ahora en su mesa de lectura…
Estoy leyendo el último de Leonardo Padura, Morir en la arena. Conozco bien La Habana y está siendo emocionante leerlo. No suelo tener más de un libro de ficción abierto. De poesía tengo abierto el último de Eloy Sánchez Rosillo y una antología de la obra poética de Margaret Atwood.
¿Y una película con o sobre música?
Las últimas que he visto son A complete unknown, sobre Bob Dylan; Maria, sobre los últimos momentos de la Callas y Springsteen: Deliver me from nowhere.
¿Una banda sonora?
Cinema paradiso.
¿Cuál es el gran compositor de música española?
Isaac Albéniz, probablemente. Pero no soy una experta...
¿Una melodía?
La mer, de Charles Trénet. No me canso de escucharla y cantarla...
¿Con qué música le gustaría despedirse de este mundo?
Con Je ne regrette rien de Edith Piaf.
¿Qué disco se llevaría a una isla desierta?
Mediterráneo, de Serrat.
¿Un refrán?
“Obras son amores y no buenas razones”. Y para seguir con mis otras respuestas: “quien canta su mal espanta”.
¿Una ciudad?
Como la canción J’ai deux amours, que ya interpretó Joséphine Baker y que escucho a menudo en la voz maravillosa de Madeleine Peyroux, mis dos ciudades son Barcelona y Madrid.
Tres preguntas en una: ¿En qué lugar de la sociedad está implantada la cultura? ¿Cree que se necesita un acceso especial o es accesible desde la educación temprana? ¿Es Madrid una turbina que concentra una enorme actividad cultural respecto a otras zonas del país?
Cada vez más, la sociedad sabe que necesita la cultura para crecer, para transformarse, para progresar, para consolarse. La pandemia fue importante en esto. Y cada vez más, buscamos la cultura en directo, sin pantallas interpuestas. Pero, como tantas cosas, el entorno económico y social en el que nacen los niños influye muchísimo en su acceso a los diferentes ámbitos de la cultura: si hay libros en su casa, sus padres leen y escuchan música, todo cambia. Por eso es relevante que la escuela y en general las administraciones públicas acerquen la cultura a todos nuestros niños y jóvenes. Me parece que en nuestro país la cultura, en diversas versiones e intensidades, está presente en cualquier sitio. Obviamente la oferta cultural de Madrid es actualmente comparable a la de cualquier ciudad realmente global en el mundo. ¡Me resulta imposible ir a todo lo que la ciudad me ofrece y me interesa!
Háblenos de un trance cultural o musical en su vida que se le haya quedado grabado…
Muchísimos. Pero le cuento los dos más recientes: el ultimísimo concierto de Sabina en Madrid y Poncia, interpretada por Lolita en el Teatro Bellas Artes. En 61 años de vida por suerte ha habido muchos momentos así…
Si pudiera retroceder a un momento de la historia de la humanidad, ¿dónde iría Mònica Margarit?
Sin duda, a finales del siglo XII, con el nacimiento de la ficción europea de la mano de la novela artúrica de Chrétien de Troyes.
¿Qué cosa le molesta en su vida diaria?
La música que suena de fondo en mi gimnasio…
Cómo es Mònica Margarit, defínase en pocas palabras…
Esta pregunta la responderían mejor mi familia y mis amigos. Yo me veo impaciente, curiosa y vehemente. Demasiado dura y demasiado sincera a veces...