Música clásica desde 1929

Entrevista / Rafael Quirant, un sopranista en la piel de Cherubino - por Claudia Villarrubia

03/10/2026

Rafael Quirant, contratenor valenciano en tesitura de sopranista, lleva en su voz la herencia de su bisabuela, la soprano Carmen Tur Melhor, a quien rinde homenaje continuando su legado y construyendo una carrera artística internacional que ella, en su momento, no pudo continuar. El universo artístico de Rafael es tan amplio que se mueve entre la ópera, el barroco, la copla y el pop, y se nutre de referentes que van de Concha Piquer a Maria Callas, pasando por Celine Dion.

Este mes de octubre, el artista firma un capítulo inédito en el panorama lírico al ser el primer sopranista en España en interpretar el papel de Cherubino en Las Bodas de Fígaro, que será representada en el Auditorio de Tenerife entre el 11 y 17 de octubre bajo la dirección musical de Pablo González y la dirección de escena de Marta Pazos.

Hay papeles que definen la carrera de un intérprete, e intérpretes que buscan transformar la historia de un rol. Cherubino encarna ese doble desafío para Rafael Quirant, quien aportará a este personaje una nueva dimensión vocal, actoral y psicológica. Hoy exploramos el universo de este artista, una de las jóvenes promesas del canto, para conocer en primera persona su historia y cómo se prepara para este hito en su carrera.

Haciendo un recorrido por tu formación y trayectoria, ganaste el primer premio de canto de Juventudes Musicales de España en 2021 y fuiste el primer sopranista en conseguirlo. ¿Qué supuso aquel premio para ti y cuánto cambió tu carrera a partir de entonces?

Ciertamente fue muy importante para mí. Supuso un antes y un después en mi carrera y también a nivel personal. Además, fui el primer sopranista en conseguirlo, lo que supone un motivo de orgullo, pero también una responsabilidad.

He de decir que lo preparé sin grandes expectativas de poder ganar, pero mi profesora, a la que adoro, Ofelia Sala, creyó en mí. Por eso considero que aquel premio es algo compartido entre los dos. Gracias a él pude visitar muchos lugares maravillosos de España, cantar en ellos y conocer a gente estupenda.

Recomendaría la experiencia de prepararlo con cariño y probar suerte a cualquier músico que nos esté leyendo. Juventudes Musicales tiene muchas convocatorias, no solo la de canto, y creo que presentarse a este tipo de concursos también forma parte del aprendizaje de un artista.

Además, fuiste seleccionado por Crescendo, el programa del Teatro Real destinado a impulsar la formación e inserción laboral de jóvenes artistas. ¿Cómo valoras tu paso por el programa?

Mi paso por Crescendo ha sido muy positivo. Al igual que ocurrió con Juventudes Musicales, también fui el primer sopranista en formar parte de este programa de formación del Teatro Real, y creo que eso puede abrir una puerta para que otros jóvenes con mi tesitura se animen también a presentarse a las audiciones.

El ambiente y el cuidado que nos brindaron fueron excepcionales. Conocí a gente de mi edad, muy diversa y procedente de lugares diferentes, y compartimos no solo la música, sino también nuestras vivencias y las circunstancias particulares de cada uno. Y, por supuesto, me llevé conmigo amigos para toda la vida.

También me han ofrecido algunos proyectos y he participado en sus famosas Carrozas, una iniciativa que acerca la ópera a pueblos y lugares donde resulta más complicado que llegue. Es un auténtico Teatro Real en miniatura que se transporta en un tráiler y se despliega para poder realizar las funciones, principalmente en plazas y espacios públicos.

Tu voz posee una tesitura tan excepcional que te permite asumir roles escritos originalmente para soprano. Más allá de la etiqueta de sopranista, ¿cómo definirías tu identidad vocal y qué supone para ti habitar un registro que tradicionalmente se ha asociado a la voz femenina?

Esta pregunta es interesante. Yo me defino como contratenor soprano, o sopranista. No me importa que me llamen contratenor ni que me llamen sopranista, porque ambos términos forman parte de mi identidad vocal.

Para mí, en la actualidad, esto no supone nada más que la responsabilidad de trabajar y hacer las cosas bien, intentando ser siempre fiel a lo que pide el compositor y, en última instancia, a las indicaciones del director con el que estoy trabajando. Pero no siempre ha sido así. En el pasado tuve que soportar burlas de gente que se reía de mí por tener “voz de chica”, e incluso personas que, cuando yo era muy joven, se atrevieron a decirme que nunca haría carrera o que jamás interpretaría un papel de ópera en España. Y no hace tanto tiempo de aquello.

Además, siento que tengo un compromiso muy personal con mi voz y con mi bisabulea, la soprano Carmen Tur Melchor, a quien le fue arrebatada la posibilidad de desarrollar plenamente su carrera. En cierto modo, siento que debo vivir también aquello que a ella no le permitieron vivir. Y resulta curioso que sea precisamente sopranista y pueda cantar algunas de las piezas que ella cantó. ¿No crees?

Con una voz tan singular, ¿existen rutinas o cuidados específicos que debes seguir para preservar la salud y la elasticidad de un registro tan extremo?

La pura realidad es que, por el momento, mi voz aguanta mucho. Trabajo bastante y, aunque evidentemente me canso, no es algo que afecte enormemente a mi voz.

Creo que lo fundamental es tener los mismos cuidados básicos que debería tener cualquier persona: evitar coger frío, llevar una alimentación saludable, hacer deporte y descansar. El deporte siempre me ha ayudado mucho, tanto para el control del fiato como para tener la resistencia física necesaria para afrontar los ensayos y los viajes que conlleva esta profesión.

Pero, si tuviera que recomendar dos cosas especialmente, serían beber agua y dormir bien. Como veis, nada extraordinario: cosas que, en realidad, son positivas para cualquier persona.

Se acerca tu debut en Le nozze di Figaro en el Auditorio de Tenerife. Cherubino es uno de los grandes papeles de trouser role de Mozart, usualmente interpretado por mezzosopranos o sopranos. De hecho, será la primera vez en España que este papel lo interprete una voz masculina. ¿Qué cambia cuando quien se pone en la piel de Cherubino es un sopranista? ¿Hay algo del personaje que puedas abordar de una manera diferente?

La verdad es que siento una gran responsabilidad por lo que supone que se haya anunciado como la primera vez en España que Cherubino es interpretado por una voz masculina. Desde aquí quiero agradecer a mi agente, al Auditorio de Tenerife y al director Pablo González por haber apostado por una propuesta novedosa e incorporar a un sopranista al elenco.

Además, estoy trabajando con un elenco de cantantes del que estoy aprendiendo muchísimo y con una puesta en escena de Marta Pazos que me parece magistral, muy novedosa y muy elaborada desde el punto de vista estético.

En cuanto a qué cambia cuando Cherubino lo interpreta un sopranista, creo que hay algo interesante de partida: el público puede percibir que el personaje es realmente un hombre, y no una mujer interpretando a un hombre. Eso abre otra perspectiva sobre el personaje y sobre todo lo que está viviendo.

Para mí ha supuesto también una búsqueda muy interior. Cherubino está atravesando una etapa de descubrimiento, de despertar de la sexualidad y de emociones que yo mismo pude experimentar cuando era más joven. He tenido que volver la mirada hacia esa etapa de mi vida, recordar cómo sentía y cómo me expresaba siendo adolescente y cómo entendía entonces la sexualidad.

Dejando a un lado la parte más técnica, cada artista da vida de manera única a sus personajes. ¿Cómo estás trabajando la personalidad de Cherubino desde el punto de vista escénico? ¿Qué buscas que perciba el público cuando apareces en escena?

La verdad es que la personalidad de Cherubino la entiendo bastante bien porque, personalmente, creo que sigo teniendo un poco de niño dentro de mí. Me entusiasmo muchísimo con cosas sencillas, como lo haría un crío, y todavía conservo esa manera de expresarme desde la inocencia.

En Cherubino he querido mantener precisamente esa inocencia, pero añadiéndole un punto de picardía que le dé credibilidad y que refleje también ese despertar del deseo.

Además, yo ya interpreté este personaje hace años, en una producción del Conservatorio de Valencia, donde estudié. En aquella ocasión lo abordé desde un lugar diferente, quizá más romántico. Ahora, sin embargo, mi propia madurez personal y artística me ha permitido acercarme al personaje desde otra perspectiva.

La puesta en escena de Marta Pazos y todos los detalles escénicos que la acompañan le dan a Cherubino una dimensión mucho más sexual e incluso lasciva. Eso me permite jugar con algo que quizá entonces no estaba tan presente: la ambigüedad. Me interesa que convivan esa inocencia casi infantil con un despertar del deseo mucho más consciente.

Cherubino está descubriendo que el deseo tiene género, tiene jerarquías y puede tener consecuencias… ¿o no? Quiero jugar precisamente con esa duda, con esa mezcla entre inocencia, deseo y picardía, y creo que es algo que el público va a poder percibir. Me gustaría que esa dimensión hiciera que el público prestase atención al personaje más allá de las famosas arias que tradicionalmente se asocian a Cherubino y que tantas sopranos y mezzosopranos interpretan al comienzo de sus carreras. Quiero que detrás de esas arias haya un personaje que despierte curiosidad, que tenga algo que contar y que genere preguntas.

Después de Le nozze di Figaro, tu temporada da un salto con el rol de Ruggiero en Orlando furioso de Vivaldi. ¿Cómo cambia el enfoque técnico y expresivo al pasar del universo mozartiano a un rol tan exigente del barroco italiano?

El cambio es importante porque, aunque en ambos casos existe una enorme exigencia vocal, la manera de abordar el personaje y la música es muy diferente. Con Mozart hay una naturalidad en la línea, una necesidad de que todo parezca sencillo y orgánico, mientras que en Vivaldi el lenguaje barroco plantea otras necesidades y otra forma de entender la expresión.

Ruggiero es un personaje que me permite explorar una faceta diferente. Es un caballero, un personaje muy marcado por el amor, pero también por el conflicto entre lo que siente y lo que debe hacer. En ese sentido tiene algo en común con Cherubino: ambos están condicionados por sus emociones y por aquello que desean, aunque se encuentran en momentos vitales muy diferentes.

Hay una parte muy virtuosa en la escritura de Vivaldi, pero para mí lo importante es que detrás de esa dificultad técnica siempre exista una emoción y una intención dramática. No quiero abordar el barroco únicamente desde la técnica. La agilidad, las coloraturas y la ornamentación tienen que estar al servicio de lo que cuentan el personaje y el compositor; todo tiene que tener una justificación dramática.

En ese sentido, supone un trabajo diferente, pero no tan alejado de lo que implica construir cualquier otro personaje, como Cherubino. Al final, la técnica siempre tiene que estar al servicio de la interpretación, y eso es algo que intento mantener independientemente del repertorio. Aun así, el cambio resulta muy estimulante porque me obliga a buscar otras herramientas expresivas.

Quizá lo más bonito de esta temporada es precisamente poder pasar de un personaje como Cherubino, que está descubriendo el deseo y experimentando con sus emociones, a Ruggiero, que vive un mundo emocional mucho más complejo y desarrollado. Son personajes muy diferentes, pero ambos tienen algo en común: están profundamente condicionados por lo que sienten.

De cara a esta temporada y al futuro, ¿qué repertorio te gustaría conquistar en los próximos años? ¿Hay algún personaje o compositor que sea tu gran sueño?

La pura realidad es que con esta oportunidad de abordar Cherubino ya se ha cumplido un sueño muy grande para mí. Pensaba que quizá nunca podría hacerlo en un gran escenario y ahora ocurre en un momento perfecto de mi carrera. No obstante, claro que tengo otros sueños en mente.

Me gustaría cantar Farnace de Mitridate, re di Ponto de Mozart, o cualquiera de los grandes roles que Händel escribió para voces agudas, como Serse, Ruggiero de Alcina o Ariodante.

Pero aún iría más allá. Me encantaría abordar un Romeo de Bellini, un Arsace un Tancredi de Rossini, o, por ejemplo, Orsini de Lucrezia Borgia o Smeton de Anna Bolena, ambas de Donizetti.

Como se puede adivinar por estas líneas, tengo una predilección especial por el bel canto y me encantaría poder cantar todo este repertorio, aunque fuera inicialmente en versión de concierto.

Por conocer quién es Rafael Quirant fuera de la ópera, ¿qué otras disciplinas artísticas y qué otros géneros musicales te nutren como persona?

Soy una persona bastante sencilla, humilde y extremadamente familiar. Cuando llego a casa y no tengo obligaciones profesionales, me quito de la cabeza todo lo relacionado con el teatro y el canto y soy perfectamente capaz de pasarme el día organizando, arreglando cualquier cosa o limpiando. Me gusta mucho esa parte cotidiana y doméstica de la vida.

Antes de dedicarme a la música estudié diseño, y quizá por eso sigo teniendo una relación muy estrecha con todo lo que tiene que ver con las artes plásticas y con lo hecho a mano. También coso, me gusta restaurar y, sobre todo, buscar cosas antiguas y rescatarlas: papeles, fotografías, monedas, objetos de arte… Todo aquello que tiene una historia detrás me fascina. Supongo que tendrá que ver con mi sensibilidad y con mi necesidad de preservar aquello que otros han conseguido que llegue hasta nuestros días.

Creo que vivo un poco en mi propio mundo, en cierto modo anclado en otro siglo, porque en muchas cosas soy bastante clásico. Me encanta escuchar música en vinilo mientras cocino, coso, arreglo cosas o simplemente estoy en casa. Y ahí entran, por supuesto, los grandes de la ópera, especialmente María Callas, a la que idolatro profundamente.

Pero hay otra música que forma parte de mí de una manera muy especial: la copla. Y, en particular, Concha Piquer, que además es de mi tierra. La escuchaba desde niño y, antes de cantar ópera, cantaba sus canciones. La forma de decir de Concha Piquer, la manera de interpretar un texto y de transmitir una emoción con una enorme economía de medios son lecciones que todavía hoy me acompañan. Además, están muy ligadas a mis dos abuelas, a las que adoro: Ani y Mercedes. Mercedes ya no está entre nosotros, pero la tengo muy presente. Escuchar esa música también es, de alguna manera, volver a ellas y a una parte muy íntima de mi historia.

Y, por supuesto, no puedo dejar de mencionar otras músicas y artistas que admiro, como Céline Dion. Me interesa especialmente su manera de interpretar y la capacidad que tiene para transmitir desde una enorme verdad. Ahora que está volviendo a los escenarios, me resulta especialmente emocionante seguir su trayectoria. Como cantante, no puedo imaginar lo que debe suponer atravesar una situación en la que tu propia voz deja de acompañarte como antes, y quizá por eso siento todavía más admiración por alguien de su envergadura internacional.

Finalmente quiero preguntarte algo de lo que usualmente no suele hablarse. Y es que todos los artistas tenéis en mente una trayectoria: una serie de papeles, países, salas o públicos que deseáis conquistar a lo largo de vuestra carrera. ¿Te mantienes en la trayectoria que imaginabas unos años atrás?

Sinceramente, tengo que decir que ni yo mismo podía imaginarme estar haciendo algunos de los roles que estoy haciendo actualmente. Tampoco podía imaginar vivir experiencias como la reposición de la obra completa La púrpura de la rosa, de Tomás de Torrejón y Velasco, en Lima donde se representó en 1701 y que supuso mi salto internacional, o interpretar el papel del Músico en Manon Lescaut de Puccini en ABAO Bilbao ¡Un sopranista cantando un Puccini!

Mi trayectoria todavía no es muy larga, pero todo lo que ha sucedido hasta ahora ha superado mis expectativas. Por eso, más que pensar en una trayectoria concreta que hubiera imaginado años atrás, lo que deseo es que esto siga creciendo, trabajando siempre para que el público y las personas que quiero puedan sentirse orgullosos de lo que estoy consiguiendo, tanto en el presente como en el futuro.

Hay una frase de la gran Teresa Berganza, a la que admiro muchísimo, que siento muy cercana: “Todo ha venido sin esperármelo, por eso lo recibo como un gran regalo”.

por Claudia Villarrubia

 

Foto © Ángela Lindo

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