Música clásica desde 1929

Entrevista / Mateu Malondra, director artístico del Festival ME_MMIX - por Joan Gómez Alemany

28/10/2026

ME_MMIX es un festival de música experimental y de artes avanzadas y se llevará a cabo entre los días 12 y 22 de noviembre de 2026 en Mallorca.

 

Se acerca una nueva edición del Festival ME_MMIX, del que eres director artístico. ¿Cómo se presenta esta edición y cuáles son sus principales propuestas?

Transcurre del 12 al 22 de noviembre en Palma y se estructura alrededor de siete conmemoraciones. Cuatro musicales: los ciento cincuenta años de Manuel de Falla, los centenarios de Morton Feldman y David Tudor y los noventa de Steve Reich. Y tres literarias: Joan Alcover, el centenario de la muerte de Rilke y la presencia persistente de Pasolini.

Las efemérides no son una coartada para rescatar repertorio. Funcionan como campos de atracción alrededor de los cuales se ordena todo lo demás, incluido lo que no guarda con ellas ninguna relación aparente. Tudor, por ejemplo, nos permite recorrer en una sola jornada el trayecto que va del piano preparado a la electrónica de club pasando por la adaptación escénica de Petrolio.

Inauguramos el 12 de noviembre con un recital de Irvine Arditti en la capilla de Can Campaner, un acontecimiento importantísimo para el festival. El viernes 13 sigue el Ensemble PHACE, dirigido por Nacho de Paz, con nuestro tradicional cine-concierto, esta vez sobre Die Stadt ohne Juden, con música de Olga Neuwirth. El 14, a la hora del vermut, SANG rinde homenaje a Falla con guitarra eléctrica, voz y feedback, y ese mismo día llega Entre Feldman, con Niño de Elche en doble función de cantante y director artístico, Héctor Cavallaro como cocreador, visuales de Albert Pinya y un grupo instrumental de la Orquestra Simfònica de les Illes Balears bajo la batuta de Christian Karlsen.

En los jardines de La Misericòrdia pasan el jazz experimental de K12 con Sebastian Schottke y Vertixe Sonora, con un programa de estrenos y un segundo cine-concierto de Núria Giménez-Comas. Neus Estarellas propone un recital ecléctico sobre la memoria y la multiplicidad de estados de una misma entidad, una experiencia multisensorial donde el piano contemporáneo dialoga con algunos de los vinos más singulares de las islas. Ese día estrenamos dos cosas: varios escenarios en paralelo y el repertorio contemporáneo en la plaza pública. La Plaça Llorenç Bisbal será el eje de tránsito, con el proyecto educativo Major 82, el pódcast ME_MMIX y el pop experimental y visual de Toni Toledo, UMBRA, Fill Espectro o Glymur dialogando con las sesiones de techno y electrónica de Paula Serra y Bibi Smalls.

El domingo 15, jornada matutina con la proyección de Sisters With Transistors, de Lisa Rovner, seguida de Luis Tabuenca y el dúo suizo UMS'n JIP en un homenaje a Rilke sobre textos de Rolf Hermann.

El segundo tramo lo abren el 19 los alumnos del IES Joan Alcover en el Teatre Xesc Forteza, un proyecto creativo desarrollado con ME_MMIX:Educa durante este primer trimestre. Sigue un concierto único de Joan Miquel Oliver, Joana Gomila y Laia Vallès con visuales de Javier Lerín en el Pati dels Homes de la Misericòrdia, y ese mismo día Xabier Casal presenta su propuesta de saxofón y electrónica en el Centre Cultural Can Balaguer, un dj set experimental de Fabián Roelandt con visuales de Albert Pinya y, para cerrar la velada, la electrónica en vivo de Franck Vigroux.

Es Baluard Museu vuelve a ser el corazón del festival. No concibo un ME_MMIX sin Es Baluard. El viernes 20 es el turno de AlterFace Piano Ensemble, seguido de Víctor Moragues, Luis Codera Puzo y Pablo Carrascosa Llopis en un set de sintetizadores modulares con visuales de Xavier Malondra, y cerramos con Gaspar Claus y Alexander Vert en un proyecto de electrónica multicanal y live AV. Será una jornada de escucha, pero también corpórea, donde varias tradiciones se entrelazan.

El sábado 21 concentra la jornada más densa: el homenaje a Reich de SoXXI, el concierto vermut de Mòpia Big Band, el recital en tránsito de Christopher Redgate por distintos espacios del museo, el dúo RedArch y el homenaje a Tudor que propone La Membrana. En clave de baile, dj sets de ROMO y Treze y, a media tarde, el trance de EMEA. Ya de noche, el Petrolio del Grupo Enigma —dirección de Asier Puga y música de Carles de Castellarnau— en diálogo con nuestra producción Rave i Epílogo Pasoliniano, con Hor-G, Alba Vinton, Catalina Coromina, Barolec e INTRVL. Una noche repleta de creación y transgresión. Terminamos con Selin Kaya, la joven sensación del techno en Mallorca, en la closing party del club 2 Rombos del Terreno Barrio Hotel.

El domingo 22 cerramos con un concierto familiar de Artista Desconocido y la colaboración con el CEIP Son Serra, itinerario de música integrada. Ese último día está pensado para fortalecer la relación con el futuro, porque fomentar el interés de las nuevas generaciones nos parece una obligación ineludible.

A todo ello se suman cinco episodios de videopódcast coloquio, tres de videopódcast entrevista, un documental sobre el proyecto ME_MMIX, las jornadas profesionales, los encuentros sectoriales y las conferencias de Alberto Bernal, Pere Amengual, Hilda Paredes, Reinhard Fuchs, Haize Lizarazu y Sebastià Amengual.

El Festival ME_MMIX lleva ya varios años celebrándose y ha ido consolidándose dentro del panorama de la música contemporánea y experimental. Echando la vista atrás, ¿qué destacarías de las ediciones anteriores? ¿Hay algún proyecto o experiencia que haya marcado especialmente la trayectoria del festival?

Empezamos en 2013 desde la asociación Placa Base, con una estructura casi doméstica pero con mucha militancia en la causa. Aquella primera etapa fue artesanal en el sentido literal del término. Desde 2024 el ME_MMIX lo produce TURYE SL, con un equipo estable, y el año pasado realizamos medio centenar de actividades con más de cuatro mil asistentes.

Pero el punto de inflexión llegó cuando dejamos de concebir el festival como una sucesión de conciertos y empezamos a programar cine documental, instalación, encuentros profesionales, acción performativa, tecno junto al rock, pop, jazz, creación sonora, clásica contemporánea, cine-concierto y un largo etcétera. Eso cambió la predisposición del público incluso antes que la propia acción intersectorial. Llegó nuevo público procedente de otros entornos que se sentía perfectamente integrado.

De las ediciones recientes me quedo precisamente con ese cambio de paradigma. La gente, lo heterogéneo, la diversidad, el fluir, la experiencia común. Ese es el centro de gravedad del ME_MMIX. Nuestro público, diverso, divergente y entusiasta, nos enseña edición tras edición que esto no es solo un festival de músicas y artes experimentales avanzadas. Es una experiencia colectiva y una manera de entender el mundo.

Por eso destacaría el trasvase entre pensamientos artísticos: interesa, mueve y conmueve. Lo vimos con claridad el año pasado, cuando un proyecto producido por el festival en el Casal Balaguer llenó un patio descubierto pese a que por la mañana había caído el diluvio universal. Puede que una parte de la sociedad esté polarizada, pero la gran mayoría seguimos buscando la confluencia.

Además de dirigir artísticamente el festival, eres compositor, docente e investigador. ¿Cuándo nació tu interés por la composición musical y cómo se desarrollan las distintas facetas de tu trabajo?

No sé responder cuándo nació mi interés por componer. Tampoco sé explicar por qué surgió, ni por qué sigue interesándome. Sé que lo primero que me atrajo fue escuchar, y sobre todo escuchar música.

Puedo decirte que, en lo cotidiano y desde siempre, lo sonoro me ha conmovido más que lo visual. No entiendo por qué, pero es así. Ahora que soy más consciente de que existe un mundo sin música, un mundo adverso, lleno de barbarie, de falacias, de fealdad y de odio, estoy más convencido de que la fraternidad reside en lo musical, en escuchar. Jonathan Harvey decía que para ser buen compositor tienes que ser buena persona. Yo iría un poco más allá. Creo que si no estás atrapado por lo musical, no puedes ser buena persona. Si escucháramos más música todo iría mejor.

Por eso creo que nunca he concebido la partitura como un objeto anterior e independiente del cuerpo que la ejecuta. El sonido, la técnica que lo produce y el signo que lo acota me resultan indisociables, de ahí que necesite trabajar codo con codo con los intérpretes. Me interesa la abstracción, pero cuando se resuelve en lo físico.

Los diversos campos de trabajo se ordenan por periodos más que por jerarquías. Hay meses de escritura y meses de gestión, y nos equivocaríamos al pensar que unos interrumpen a los otros. Programar un festival y construir una forma musical obligan a decidir. La intensidad, el contraste, incluso el silencio hay que ordenarlos tanto en el terreno compositivo como en el de la gestión o el de la programación. En la docencia es requisito indispensable verbalizar, estructurar y delimitar para poder transmitir. Y todos estos campos se articulan gracias a una mentalidad investigadora, que obliga a cuidar el rigor sin desatender la intuición.

Sobre la segunda parte de tu pregunta, para desarrollar cualquier trabajo, o varios a la vez, es importantísimo trascender el miedo a errar. Entender que el error es un concepto paralizante y normalizar su existencia como oportunidad transformadora me parece esencial.

¿Cómo describirías tu música y tu lenguaje compositivo? ¿Crees que tu manera de entender la composición ha evolucionado a lo largo del tiempo? En ese caso, ¿qué aspectos han cambiado más?

Diría que es una música con una alta densidad de acontecimientos, donde conviven sin una jerarquía definida los sonidos temperados y el ruido, el gesto y la forma, los momentos de energía explosiva y los contemplativos. Hay también instantes en que, desde lo palpable, emerge la abstracción, y en esos raros momentos se congela el tiempo. Persigo un espacio donde las cosas sucedan por yuxtaposición y por desarrollo a la vez. Suelo combinar pasajes de mucha articulación con otros prácticamente planos, secciones de intensa transformación tímbrica con otras estáticas. No busco que el oyente siga una línea trazada, sino que se oriente dentro de un territorio y pueda recorrer múltiples caminos.

Al principio trabajaba desde la proliferación de formas como modelo. Todo surgía de una planificación que descendía desde la arquitectura general hasta el detalle. Después, durante los años de investigación doctoral, el proceso se invirtió y empecé a construir desde la granulación. Fue el cambio más profundo, porque reordenó todo mi trabajo y me arrastró hacia una nueva manera de escuchar.

Actualmente me interesa cada vez más lo que ocurre cuando el sonido deja de ser unidireccional. La posición del oyente pasa a modificar, en cierta manera, la percepción de la pieza. Es un terreno donde todavía me muevo con torpeza, lo cual probablemente sea la mejor razón para seguir investigando.

Aunque la creación contemporánea busca constantemente nuevas formas de expresión, mantiene a menudo un diálogo con la tradición musical. ¿Cómo se manifiesta esa relación en tu trabajo y qué elementos del pasado consideras que todavía ofrecen posibilidades de exploración?

El diálogo es permanente, aunque no siempre resulte audible en la superficie.

Mi material armónico parte de la serie de armónicos, de los dieciséis primeros parciales de cada fundamental. Es decir, de un fenómeno acústico anterior a cualquier organización de sonidos y, sin embargo, implícito en todos ellos. Trabajo con la serie en tres aproximaciones: división en doce, división en veinticuatro y frecuencias exactas.

Algo parecido sucede con la polifonía. La independencia entre voces, trasladada al terreno estructural para relacionar bloques a distintos niveles que se superponen sin perder autonomía, recorre toda mi producción. Como bien apuntaste en un artículo anterior, Free Module Study nº2 es una relectura del concerto grosso. No hay oposición estable entre concertino y ripieno, pero sí una redistribución continua del protagonismo que procede directamente de esa idea.

Y luego hay dos cuestiones que me parecen muy actuales: qué identificamos como disonancia para generar tensión y cómo relacionar la forma con la distribución de energías en el desarrollo temporal. Esta segunda me ocupa especialmente. La música tonal disponía de mecanismos muy eficaces para que el oyente pudiera orientarse en la forma. Al eliminar la funcionalidad y renunciar al desarrollo dirigido, esos mecanismos desaparecen y hay que construirlos de nuevo. Desde hace un tiempo trabajo con nodos referenciales, puntos de circulación entre células armónicas que son reconocibles pero no jerárquicos. Creo que funcionan, pero el problema sigue abierto.

Al escuchar tu música, ¿podríamos establecer alguna relación con la New Complexity? ¿Qué vínculos encuentras, si los hay, entre esta corriente y tu propia forma de componer? ¿Cuáles dirías que son tus principales influencias musicales y estéticas?

La pertenencia a un grupo es algo particular, y a veces las asociaciones no las hace uno mismo. En este caso se trata de una etiqueta que los propios referentes no reconocen: a prácticamente todos les he oído admitir afinidades y reivindicar a la vez la singularidad de su trabajo al margen de cualquier corriente. De los compositores que la musicología y la divulgación suelen integrar en la New Complexity hay algunos que me interesan especialmente. Pero también me interesan muchísimo algunas propuestas del llamado minimalismo, del espectralismo, de la música concreta y de la concreta instrumental, así como de la música experimental, la improvisación guiada o la electrónica en vivo. Y aunque resuene a contradicción, tengo una deuda considerable con el free jazz y la improvisación libre.

Lo que me interesa fundamentalmente es la multiplicidad paramétrica, la idea de que varios procesos avancen simultáneamente, el trabajo con materiales diversos y, sobre todo, una concepción de la notación como generadora de energía y no como mero registro. Una escritura muy detallada no busca una ejecución milimétrica. Busca que el esfuerzo del intérprete por serle fiel produzca algo que ninguna indicación aproximada conseguiría. Aun así, no empleo complejidades rítmicas excesivas ni sobrenotación innecesaria, y cuando el trabajo con el intérprete lo desaconseja con argumentos soy el primero en modificar la escritura para clarificarla.

La saturación me interesa, pero no como finalidad. Una cierta complejidad notacional es útil mientras sirva a la claridad perceptiva; deja de interesarme en cuanto se convierte en un valor en sí misma.

Mis influencias están en músicas de múltiples tradiciones, conceptos e ideologías. Soy poco dado a la militancia sumisa. Creo en la relación humana, en la micropolítica, en la acción consciente y, por encima de todo, en la autoexigencia. Somos muchos y diversos. Intento focalizar en las bondades, en las virtudes y en cómo proponer una nueva perspectiva sobre preguntas y dilemas ya existentes.

Tu trabajo no se limita a la composición instrumental, sino que también abarca proyectos interdisciplinares, electrónica e instalaciones sonoras. ¿Qué te interesa explorar a través de estos formatos y cómo cambia tu manera de concebir el sonido cuando trabajas fuera del marco tradicional del concierto?

En un concierto, el compositor fija el tiempo y el oyente lo acepta. En una instalación ocurre justo lo contrario. No hay principio ni final establecidos, el visitante entra y sale cuando quiere, y eso obliga a que la pieza sea legible desde cualquier punto. Desaparecen los elementos discursivos lineales, pero permanecen estados de percepción que deben sostenerse por sí mismos. Trabajar con unidades autónomas resulta entonces natural, porque delega en el visitante el reordenamiento de lo que escucha.

Hay otro planteamiento muy transversal, la posición del sonido en el espacio. Su presencia física deja de ser un detalle técnico para convertirse en parte del dispositivo.

En el teatro confluyen todos estos elementos. Ahí el sonido comparte el tiempo con la palabra y con la acción, y tiene que decidir en cada momento si conduce o acompaña. He trabajado la escenografía y la construcción del espacio sonoro como una sola entidad, porque separarlas me parece un error de origen. Estos formatos han modificado también mi manera de escribir música de concierto. El trasvase funciona en ambas direcciones.

Para terminar, ¿en qué proyectos estás trabajando actualmente? Y, mirando hacia el futuro, ¿hay ya algunas ideas o líneas de trabajo para la próxima edición del Festival ME_MMIX que puedas adelantarnos?

Lo más inminente son las dos piezas que suenan en esta edición. Modular Violin, escrita para Irvine Arditti, que la estrena el 12 de noviembre, y Modular Piano, que Neus Estarellas tocará por primera vez en España el día 14, después de haberla estrenado en el ciclo de nueva creación de la UNAM.

Después vienen Territori suau i fort, para piano y vídeo, encargo de Lluïsa Espigolé, y Modular CtrBassFl para Matteo Cesari. En julio de 2027 se estrena LINET, una obra escénica sobre un encuentro imaginario entre Damià Huguet, Blai Bonet y Pasolini en la Barcelona de 1975, que ganó la convocatoria de coproducción del Teatre Principal de Palma. A finales de ese mismo año Vertixe Sonora estrena Free Modular Study nº3, y en 2028 llegan una obra para el vigésimo aniversario de Sigma Project y el monodrama Samurai, con libreto de Rafel Gallego. De la edición de 2027 puedo adelantar que la hemos cerrado antes incluso de celebrar la de este año, algo inédito para nosotros. El eje será el centenario del estreno de Metrópolis, de Fritz Lang, con tres cine-conciertos consecutivos sobre el mismo metraje: uno de Martin Matalon, otro de una artista sonora del entorno del techno que anunciaremos en breve y un tercero desde la improvisación libre. Abriremos con el Arditti Quartet en un proyecto muy especial, habrá conciertos que harán de puente temático entre el cine y las artes experimentales, y un ciclo de cine con curaduría de Javier Lerín. Como novedad, seremos coproductores de una obra que girará por Ultima de Oslo, el HCMF de Huddersfield, Palma, Innsbruck y el Wiener Konzerthaus.

Gracias a las ayudas plurianuales y a la gran gestión del IEB, esa financiación ya está adjudicada. El dilema recae en la incertidumbre que generan las ayudas a festivales y a la creación del Ministerio. El sector necesita el amor y el cuidado del INAEM, y en estos momentos no se percibe. Esperemos que Joan Cerveró, excelente músico, gestor y nuevo director del CNDM, sea capaz de inocular su entusiasmo, su amor y su compromiso por la nueva creación en las arterias ministeriales.

por Joan Gómez Alemany

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