El Cuarteto Quiroga regresa el próximo 26 de abril al Círculo de Bellas Artes dentro del ciclo Círculo de Cámara, donde ya participaron en su primera temporada, consolidando así su vínculo con este espacio. En esta ocasión presentan un programa de gran exigencia que reúne a Joseph Haydn, Dmitri Shostakóvich y Ludwig van Beethoven, tres universos sonoros que reflejan la evolución del cuarteto de cuerda y el compromiso interpretativo del conjunto. A lo largo de esta entrevista, charlamos con dos de sus integrantes, el violinista Aitor Hevia (AH) y la violonchelista Helena Poggio (HP) que nos hablan del reto físico y musical que implican estas obras y de cómo construyen sus programas. También comparten su visión sobre el diálogo con el público en cada sala, la energía que perciben en el silencio de la escucha y su implicación con la música actual a través de encargos a compositoras contemporáneas. Además, avanzan detalles de su próximo lanzamiento discográfico dedicado a los Cuartetos de Juan Crisóstomo de Arriaga, un compositor que los ha acompañado a lo largo de toda su trayectoria.
Llegáis de nuevo al ciclo Círculo de Cámara en esta temporada con tres grandes maestros del cuarteto y unas piezas muy exigentes. ¿Qué supone unir a estos tres compositores, Haydn, Shostakóvich y Beethoven?
Aitor Hevia. Es un modelo de programa recurrente para muchos cuartetos. Comenzar por una obra clásica, en medio una obra contrastante y para acabar un gran cuarteto. Los tres son muy diferentes. El primero de Haydn es el n. 1 del gran op. 20, cuartetos que supusieron un gran cambio en la manera de escribir. Sencillo en los motivos pero con un desarrollo que es una maestría típica de Haydn. Seguimos con una obra icónica del siglo XX, el n.8 de Shostakóvich. Desde el principio hasta el final ataca no hay solución de continuidad de un movimiento a otros. Logra mantener una tensión tanto en los movimientos lentos como rápidos que te hace estar escuchando con atención todo el rato. En la segunda parte el op. 127 de Beethoven en mi bemol mayor es una de las grandes cimas para cuarteto. Interpretar uno de los últimos cuartetos de Beethoven es un gran reto. Son muy físicos, muy largos y exigentes. En algunos casos difíciles de entender por los reguladores, las frases. Son partituras que no son evidentes y requieren de mucho trabajo individual y musical.
¿Cómo va conformando el Cuarteto Quiroga su repertorio y el programa para un concierto?
Helena Poggio. No siempre tenemos la total libertad de proponer un programa. A veces viene una imposición o una efeméride, un ingrediente que nos piden y luego intentamos darle forma, un sentido para que haya una cierta integridad o hilo conductor. También tenemos que ver qué repertorio tenemos en “dedos”. Se trata de aunar todo esto. También va muy ligado a las grabaciones que tenemos en discos y rodar ese repertorio para darle un impulso al disco con los conciertos.
Hablando de discos, en breve lanzáis vuestro último trabajo de los Tres Cuartetos de Arriaga.
AH. Si, grabamos en septiembre y vamos a hacer la presentación en mayo en el Museo Cerralbo. Intentamos sacar disco cada año y medio. Anteriormente editamos una grabación con cuerdas de tripa de compositores españoles o afincados en España; Canales, Brunetti, Almeida y Boccherini. Pensamos que era interesante grabar estas obras de Arriaga con cuerdas de tripa. Tenemos muchas ganas de que salga a la luz y que la gente lo escuche.
HP. Arriaga era un talento increíble y compuso estos cuartetos con 16 años y murió con 20, ¡que no hubiera hecho con 40! Coincidiendo con el 200 aniversario de su muerte nos parecía bonito hacer este homenaje. Tanto en España como fuera se maravillan cuando lo escuchan. De Arriaga fueron los primeros cuartetos que hicimos hace más de 20 años y ahora era el momento idóneo para grabarlos completos.
¿Seguís con vuestro proyecto de mujeres compositoras?
HP. Comenzamos con él cuando cumplimos 20 años de existencia. Pensamos en este proyecto para desarrollarlo durante los próximos 10 años, cuando celebremos los 30 juntos. Se trata de encargar a mujeres compositoras obras pequeñitas para cuarteto con la ayuda de instituciones. Nuestro compromiso es poner nuestro granito de arena y luego la parte principal contar con salas o instituciones. Buscamos compositoras que nos llaman la atención. ¡Hay tantas! Empezamos con Raquel García Tomás, gran compositora barcelonesa y después seguimos con Konstantia Gourzi, compositora griega. Hemos estrenado las obras de ambas en el Palau de la Música y en el Auditorio Nacional. Recientemente estrenamos en Basilea una obra de Cecile Marti, compositora suiza. Los próximos proyectos son en la Philharmonie de Colonia con una obra de la compositora china, Yiran Zhao. Más adelante estaremos en la Bienal de cuartetos de Ámsterdam con Lisa Streich, compositora sueca.
Sentimos una responsabilidad con la música actual. El pasado no lo podemos cambiar pero si contribuir en el presente con este legado. Aunque sean obras pequeñas son una representación de estas compositoras que en algunos casos ya han escrito para cuartetos y en otros no.
¿El público de cada teatro o auditorio os transmite sensaciones diferentes?
AH. Por supuesto. Notamos el silencio con el que escuchan. Las salas tienen su propia personalidad, la luz, la acústica, la cercanía con el público. Se produce una especie de diálogo entre nosotros y ellos, aunque el público no esté diciendo nada, hace que nosotros entremos mejor en la música.
HP. Añadiría que incluso en el silencio hay energías diferentes. Puede que suene un poco esotérico, pero es muy curioso que incluso en el silencio, notamos energías muy distintas. Hay escuchas pasivas y otros que responden. Notas ese diálogo, una tensión que te llega.
Vosotros además de intérpretes sois profesores. ¿cómo creéis que se puede acercar a la gente joven a la música clásica?
AH. Siempre ha habido una mayoría de público adulto, pasa ahora y pasaba hace 30 años y el público no se agota. Puede que sea por un tema de edad por muchos motivos. Para empezar, el entorno tiene una cierta tensión. Tienes que estar callado, en un espacio rígido. Un chaval de 18 años a lo mejor no le apetece ir al Auditorio Nacional sino a otro espacio y tomarse mientras unas cervezas con los amigos.
HP. Esta cuestión siempre ha estado. Me pregunto si en el s XVIII o XIX ocurría lo mismo, seguro que en los libros de la época lo tenemos. Todo lo que implica una música diferente como el rock, es menos restringido. Otro aspecto alrededor, comer, reírte, es menos restringido. Nosotros hacemos todo lo que está en nuestra mano para llegar a este público joven. Conciertos didácticos, por ejemplo, en el Museo Cerralbo. A nuestros alumnos también se lo decimos. A veces pasa que no es que no quieran ir, sino que estar muy agobiados. Es importante que vayan, primero para recordar por qué tienen que estudiar y que les sea más leve y saber que hay una buena razón para seguir estudiando. Ir a un concierto los va a llevar a otro planeta y eso es una motivación.
Puede ser que a partir de los 40 te llegue otra curiosidad más madura pero siempre decimos a todo el mundo que hay que arriesgarse a ir un concierto de música clásica. Lo más probable es que te sorprenda para bien. Hay que estar abierto a escuchar cosas nuevas.
¿Cuál es vuestro objetivo como cuarteto y como músicos?
HP. Para mi emocionar. Habrá gente que le guste más o menos, pero se trata de regalar esos momentos.
AH. ¡Qué lloren, que se vuelvan locos con la música!
HP. Es verdad. El otro día en Basilea la gente está muy emocionada y a nosotros nos llega muchísimo.
¿Cómo definís estos años que lleváis juntos?
HP. Una aventura, una ilusión constante. Lo fue desde el principio y lo sigue siendo.
AH. Sí, para mí también. Una aventura constante.
por Irene Rodríguez
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