Música clásica desde 1929

Entrevista / Aixa Guerra, directora de escena de "Svadba. Una boda" (Ópera a quemarropa)

01/07/2026

En Svadba, seis personajes femeninos protagonizan la obra de Ana Sokolović sobre la noche previa a una boda. La producción, con escena de Aixa Guerra, con la que mantenemos esta entrevista, podrá verse este viernes de en el Teatro Auditorio de San Lorenzo de El Escorial y al día siguiente en el Teatro Real Carlos III de Aranjuez.

 

Svadba llega por primera vez a España dentro de Ópera a quemarropa. ¿Qué sintió cuando le propusieron dirigir esta obra?

Me hizo mucha ilusión y me pareció un tremendo honor estrenar en España una ópera escrita por una mujer, Ana Sokolović, y pensada para ser cantada por 6 mujeres. Una ópera en clave femenina con toda la complejidad que eso conlleva.

¿Se ha estrenado fuera de España, cuándo y dónde y con qué resultado?

Hay distintas versiones, en México, en Boston y otras en Europa como en Aix-en-Provence. Algunas teatralizadas y otras en versión concierto. Siempre ha sido recibida con buena crítica y como un goce estético para los sentidos.

Aunque el punto de partida es la noche previa a una boda, Svadba habla de amistad, comunidad, tradición y del paso de una etapa de la vida a otra. ¿Qué cree que hace que esta historia resulte tan universal?

Justamente eso. Habla de una etapa de transición que todas las culturas comparten y comprenden por igual, puesto que forma parte de nosotros.

Svadba propone una versión revisada y moderna de ese tránsito, que, a pesar de todo, no niega la tradición entendida como una raíz que nos es común y que en vez de limitarnos, nos nutre y nos da identidad para proyectarnos hacia el futuro.

Ana Sokolović construye la partitura únicamente con seis voces femeninas, sin orquesta. Como directora de escena, ¿qué posibilidades y qué desafíos plantea una ópera a capela de estas características?

El hecho de ser una ópera a capela dota a la pieza de una desnudez que como creadora te obliga a ser honesta, a ir a lo esencial, al impulso, al movimiento de las intérpretes con sus circunstancias y personalidades varias. A la vez, esta misma desnudez te abre a nuevas posibilidades como creadora, a viajar sin guías, a buscar más riesgos en las propuestas para las intérpretes. No toda la partitura musical tiene la misma rigidez, hay partes donde las voces pueden jugar con el tempo musical y eso permite expresarse con más verdad y libertad que si fuera una partitura orquestada.

Este trabajo minucioso y preciso ha sido posible gracias a la colaboración llevada a cabo con mi compañero de viaje, el director musical Juan Jurado.

La obra bebe de la poesía serbia, de los mitos populares y del folclore de los Balcanes. ¿Cómo se traslada ese universo cultural al escenario sin convertirlo en un ejercicio de folclorismo?

Hemos tenido la suerte de contar con una cantante de origen serbio, Milica Jovičić, que nos ha permitido conocer de primera mano la cultura serbia, sus tradiciones y sus orígenes. En definitiva, se trata de una cultura pagana arraigada a la música, la danza, la comida y los rituales de buen augurio; muy similar a la nuestra. Esta proximidad nos ha permitido adaptar y acercar el folclore a un ambiente conocido, de nuestra tierra y alejarlo del puro folclorismo.

Hemos puesto el ojo en la importancia de la comunidad, al amor proyectado en alguien a quien quieres y la sororidad entre hermanas, primas y amigas.

Usted firma también la dirección coreográfica. En Svadba el cuerpo parece tener tanta importancia como la voz. ¿Cómo se ha trabajado esa relación entre movimiento, respiración y música?

Primero es el movimiento y luego llega la voz. Hemos buscado que el movimiento escénico refuerce la partitura musical y la dramaturgia del libreto, siempre a favor de la música y el texto, jugando con sus dinámicas y dotando de emoción cada una de las siete escenas de nuestra ópera.

La producción reúne a seis cantantes que permanecen prácticamente todo el tiempo en escena. ¿Qué ha buscado en el trabajo actoral para que el público perciba que estamos asistiendo a un auténtico ritual y no simplemente a un concierto escenificado?

Las intérpretes de Svadba viven una noche especial de despedida de nuestra novia Milica que va desde los juegos, las danzas, las confesiones, el baño y la cocina. Son un grupo de mujeres que se quieren, se miman, se apoyan, se ayudan y a ratos se detestan…

He buscado reflejar el abanico de emociones que crecen en las pequeñas sociedades como son las familias y a veces tan infantilizado cuando se trata de mujeres.

El espacio escénico juega un rol importante en la escenificación de la pieza: cambia, se transforma, crea volúmenes y estancias diferenciadas que nos acercan a cualquier casa que prepara la boda de una hija.

La protagonista nunca está realmente sola: todo ocurre a través del grupo. ¿Diría que Svadba es una reivindicación de la fuerza de la comunidad frente al individualismo?

En nuestro montaje Milica, nuestra novia, tiene momentos de solitud, donde reflexiona sobre la vida que le espera. En otro momento de la pieza, aunque acompañada de sus amigas, hermana y primas todas ellas dormidas, Milica se pasa parte de la noche en vela, a pesar de tener en su regazo a su hermana, los nervios y las dudas por lo que le depara el futuro la invaden y no la dejan dormir. La reivindicación de la fuerza no opone la comunidad versus el individualismo, la reivindicación reside en la coexistencia: la fuerza de la red que te precede permite instalarte en el abismo de la soledad por otro lado tan necesario para meditar y dar los pasos oportunos para avanzar en la vida.

En los últimos años la ópera contemporánea parece estar encontrando nuevos públicos gracias a formatos más íntimos como la ópera de cámara. ¿Comparte esa impresión? ¿Qué cree que busca hoy el espectador?

El espectador busca ser interpelado por la historia explicada en escena. Creo que una parte del público ha llegado a una sobresaturación de espacios y escenografías ostentosas, de vestuarios estrafalarios, de los envoltorios fastuosos de las óperas de gran formato. Hablo de un sector del público, claro, que le apetece volver a espacios esenciales donde la voz y el cuerpo sean los protagonistas de la historia.

Es un reto como directora, evocar sensaciones y emociones en el público partiendo de lo esencial, sin grandes artificios.

El festival Ópera a quemarropa ha convertido la creación contemporánea en una de sus señas de identidad. ¿Qué importancia tienen iniciativas como ésta para que obras como Svadba puedan verse por fin en España?

Creo que es fundamental en estos tiempos de sobreinformación y grandilocuencias que haya impulsores de otro tipo de espectáculos donde el movimiento, la voz y la música de hoy sean protagonistas. Tal y como lo está haciendo el Festival Ópera a Quemarropa.

Coexistiendo con las óperas de siempre, este Festival permite que se vean y se escuchen perlas como Svadba, sin estridencias, ni artefactos, óperas minimalistas y esenciales.

La compositora Ana Sokolović ha dicho que quería capturar ese instante de transformación que supone la víspera de una boda, un momento suspendido entre el pasado y el futuro. ¿Qué cree que nos está contando realmente la obra sobre la condición humana?

La obra habla de cualquier tipo de cambio de etapa, de transición de una etapa a otra de la vida. Los miedos, las inseguridades y las dudas que aparecen cuando pasamos de un estadío conocido a uno desconocido. Aunque no todo tiene que ser negativo. Cuando te espera algo nuevo también hay excitación y cosquilleo en el estómago, una nueva sensación en el cuerpo que nos hace crecer y madurar como personas.

Y por otro lado nos habla también de esa necesidad básica del ser humano de sentirse acompañado, de no estar solo. Sentir que poseemos un núcleo de apoyo que como persona individual necesitamos. Ese colectivo, esa familia, esa red de soporte que nos precede más allá del tiempo presente y que nos permite cruzar ese espacio con red de seguridad, aunque no podamos volver atrás nos impulsa para descubrir ese nuevo mundo.

Su trayectoria combina dirección escénica, coreografía y creación visual. ¿Hasta qué punto esas disciplinas dialogan entre sí cuando aborda una producción operística?

Tengo un bagaje artístico diverso que coexiste cuando me pongo al servicio de explicar una historia, un libreto. Como la vida misma, en este bagaje están todos los planos conectados, y no me planteo de donde me llegan las ideas y las imágenes que me evocan los textos o partituras que dirijo. Las ideas están en el aire, hay que estar preparados y sintonizar con ellas desde el momento en el que vives y transformarlas en realidades escénicas sin que importe a que disciplina pertenece.

Si el público sale del teatro con una sola imagen o una sola emoción grabada en la memoria, ¿cuál le gustaría que fuera?

Nuestra propuesta es minimalista y pretende conseguir el máximo placer estético (sonoro y visual) para el espectador que vendrá a contemplarla.

Me gustaría que saliera con la sensación de haber viajado junto a nosotras, por algo muy cotidiano y que a veces no le damos importancia. No es un viaje exótico, es un viaje sensitivo y emocional por paisajes de nuestra alma.

por Blanca Gallego

 

Foto: El elenco de Svadba junto a la directora Aixa Guerra y Juan Jurado.

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