El Festival Perelada ha presentado en Barcelona Diario di una madre, el nuevo ciclo lírico para soprano y piano de Alberto García Demestres, escrito a partir de los poemas de Cristina Pavarotti. La obra llegará al público en su estreno absoluto el próximo domingo, 26 de julio, a las 20h en la Iglesia del Carme de Peralada, interpretada por la soprano Sabina Puértolas y el pianista Rubén Fernández Aguirre. La presentación de hoy ha contado con la participación del director artístico del Festival Perelada, Oriol Aguilà; del compositor Alberto García Demestres; de la autora de los poemas, Cristina Pavarotti, y de los dos intérpretes responsables del estreno, además del fotógrafo May Zircus y la representante del Instituto Italiano de Cultura de Barcelona, Alessandra Sanniti. El acto ha permitido a los responsables del espectáculo dar a conocer el origen, la estructura y los ejes de una obra concebida como un dietario imaginario que observa la maternidad desde la proximidad de la experiencia cotidiana y desde una perspectiva contemporánea.
Oriol Aguilà ha situado el proyecto dentro de la apuesta continuada del Festival por la nueva creación y ha definido Perelada como un espacio «facilitador de los sueños de los creadores». El director artístico ha recordado que García Demestres mantiene una relación de cerca de veinticinco años con el Festival y ha subrayado el carácter profundamente humano de la propuesta: «Cada nota, cada compás, cada coma y cada letra están pensados desde la experiencia de alguien y desde la voluntad de compartir emoción y pensamiento con el público». El estreno será grabado por RTVE y Catalunya Música.
Diario di una madre despliega su narración a lo largo de catorce canciones y dos interludios para piano, distribuidos en dos partes. El punto de partida se sitúa antes del nacimiento de la hija y el recorrido culmina con el final de la vida de la madre. Entre ambos momentos, la obra aborda episodios compartidos por muchas familias: los primeros meses de vida, la entrada en la escuela, el desorden de la preadolescencia, las inquietudes de la adolescencia, el primer gran duelo, la salida de casa, el acceso al mundo laboral, el enamoramiento, la decisión sobre la maternidad, la madurez, el envejecimiento, la memoria y la despedida.
García Demestres ha explicado que el proyecto nació inicialmente como un tríptico y fue creciendo a medida que avanzaba el trabajo con Cristina Pavarotti. «Primero fueron tres piezas, después siete, trece, diecisiete, dieciséis y, finalmente, catorce canciones y dos interludios pianísticos», ha detallado. Durante este proceso también se descartaron piezas ya escritas y personajes como el padre o la abuela, con el objetivo de concentrar el relato en la relación entre las dos mujeres. «Siempre he odiado la dramaturgia y esta es la primera vez que no me he enfadado con ella», ha afirmado el compositor sobre la arquitectura final del ciclo.
La propuesta sitúa la voz de la madre en el centro del relato. No se presenta únicamente como una figura protectora, sino como una persona que duda, se equivoca, intenta comprender los cambios de la hija y revisa su propio lugar dentro de la relación. La hija está presente a lo largo de todo el ciclo a través de las situaciones que comparten, de las separaciones sucesivas y de la transformación de un vínculo que pasa de la dependencia inicial al reconocimiento de dos identidades adultas. La obra pone así el foco en el equilibrio entre acompañar, proteger y aceptar la autonomía de la otra persona. El compositor ha remarcado que Diario di una madre requiere una aproximación basada en el afecto y en el reconocimiento de la complejidad de la relación maternofilial. «Esta obra necesita mucho amor. Hay amor, también hay discusiones y dificultades. Los textos son muy verdaderos: son textos cotidianos con mucha profundidad», ha señalado. García Demestres ha recordado asimismo los más de cuarenta años de relación personal y artística que comparte con Cristina Pavarotti: «Hemos hecho muchas cosas juntos y nuestra relación va más allá de una amistad normal. Nos queremos».
Los poemas de Cristina Pavarotti, escritos en italiano, parten de escenas concretas y de un lenguaje directo. El ciclo combina la ternura de los primeros años con el humor de la vida doméstica, la preocupación ante los riesgos de la adolescencia, el apoyo en los momentos de duelo y la aceptación progresiva de la distancia. También incorpora cuestiones menos habituales en el repertorio lírico, como la menopausia, el cambio de percepción del propio cuerpo, el paso del tiempo y el miedo a la pérdida de memoria. Esta amplitud convierte Diario di una madre en el retrato de una relación y, al mismo tiempo, en una mirada sobre una vida femenina explicada desde dentro.
Pavarotti ha explicado que la escritura parte siempre de la palabra y de la voluntad de hablar «de un cuerpo vivo, de un cuerpo que cambia». La autora ha definido el proceso compartido con García Demestres como un trabajo simbiótico en el que música y texto funcionan como dos partes complementarias. «Busco decir cosas verdaderas, aunque a veces sean muy pequeñas o puedan parecer banales. Espero que estos momentos interpelen al público», ha afirmado. Los poemas recogen vivencias procedentes de la relación con su madre, de su experiencia como madre y de la observación de las mujeres de su entorno.
La primera parte se abre con Solo indicios de ti en la periferia, dedicada al tiempo anterior al nacimiento, y continúa con Ante tu llanto, una canción de cuna marcada por el descubrimiento y el desconcierto de los primeros días. Se la traga el portón aborda la entrada en la escuela y la primera separación, mientras que Te la dejo como está traslada la acción a la habitación de una preadolescente y convierte el desorden cotidiano en materia musical. Después del primer interludio pianístico, Potro loco recoge la inquietud de una madre ante una adolescente que empieza a moverse por el mundo con independencia.
El recorrido avanza con Pequeños pasos, centrado en el primer gran duelo de la hija y en el lento proceso de recuperación; Nieve fresca describe su partida y la necesidad de reconstruir la relación desde una nueva distancia, y Hago fiesta celebra el inicio de una etapa profesional. La segunda parte comienza con En mis zapatos, donde la hija adulta observa a la madre más allá de su papel materno. Agárrate muy fuerte introduce el amor, y Pero no me lo preguntes a mí plantea la decisión de tener o no tener hijos sin convertirla en una obligación ni ofrecer respuestas cerradas. Después del segundo interludio, Calma chicha trata la llegada a los cincuenta y la experiencia de la menopausia; La arruga de los malos pensamientos se acerca a los primeros signos del olvido, y Como si no pasara nada pone fin al dietario con la despedida de la madre. El cierre recupera la idea de los pequeños pasos y sitúa a la hija ante la necesidad de seguir adelante, incorporando al final de la obra un motivo que ya había aparecido en el momento del duelo. Esta estructura refuerza el carácter circular del ciclo y conecta las distintas etapas de la relación.
Sabina Puértolas ha destacado la capacidad de la obra para recuperar vivencias que el paso del tiempo había ido apartando. «Vivimos muy deprisa y había dejado de pensar en muchas cosas pasadas. Gracias a esta obra las he sacado del cajón del olvido, las he vuelto a poner delante y he podido analizar mis sentimientos», ha explicado. La soprano ha señalado que el ciclo incluye las dudas del embarazo, el crecimiento de los hijos, la pérdida, el primer amor, la menopausia, el olvido y la despedida. «No es solo un ciclo, es algo más. Es una lección de vida llena de rincones y de una gran intensidad. Es una de las obras más difíciles que he cantado y me ha hecho crecer como mujer», ha afirmado.
La partitura de Alberto García Demestres no funciona como una simple traducción sonora de los poemas. El compositor la concibe como «una especie de diario paralelo», con una escritura que alterna consonancias y disonancias, episodios líricos y momentos de mayor urgencia. La música acompaña las variaciones emocionales de cada escena y articula el conjunto como una unidad, sin eludir los conflictos, los miedos o las contradicciones que forman parte de la relación entre madre e hija. García Demestres ha explicado que los textos le llevaron a buscar una escritura a la vez elaborada y aparentemente sencilla. Algunas piezas surgieron de manera inmediata, a partir de la lectura del poema, mientras que otras exigían integrar varios episodios dentro de una misma canción. «Son obras muy pensadas, con muchas transparencias, como los textos. Sabina y Rubén saben encontrarlas», ha afirmado. Sobre la exigencia interpretativa de la partitura, ha añadido: «Tengo la suerte de que dos intérpretes como ellos se ponen el mono de trabajo y le dedican un montón de horas. Estoy muy contento y satisfecho con el resultado».
Rubén Fernández Aguirre ha confirmado la dificultad de un ciclo que supera los setenta minutos de música y que exige mantener la tensión expresiva durante todo el recorrido. «No es un repertorio que se pueda montar en cuatro días. Lo más difícil es mantener y saber gestionar la intensidad», ha explicado. El pianista ha reivindicado el papel de los dos interludios y la función narrativa del acompañamiento: «Hay momentos en los que, además de tocar el piano, buscas imágenes y sonidos y te conviertes en incitador, provocador o pintor para acompañar a Sabina». Fernández Aguirre ha calificado el estreno de «acontecimiento musical» y ha afirmado que la partitura requiere una cantante con las condiciones técnicas, la tesitura y la capacidad dramática de Puértolas.
Diario di una madre es la obra de mayor extensión que García Demestres ha dedicado al formato de ciclo lírico. Fue concebida y desarrollada entre 2019 y 2022 y se inscribe en una trayectoria especialmente vinculada a la voz, la escena y la palabra poética. Autor de doce óperas, el compositor mantiene una relación continuada con el Festival Perelada, donde ha presentado proyectos como WOW!, Albert-Alberto. Demestres y Guinovart y La straordinaria vita di Sugar Blood. Es también el único compositor distinguido con la Medalla de Honor de Perelada.
El fotógrafo May Zircus ha explicado que, junto con Álvaro Rodríguez Galán, ha trabajado visualmente cada uno de los poemas de Diario di una madre. Las fotografías han sido concebidas desde una mirada lírica y mediante una técnica de transparencias que integra varias imágenes en una misma composición. Este procedimiento permite trasladar al lenguaje fotográfico las sensaciones, los recuerdos y las asociaciones que despierta cada canción. La imagen de portada sintetiza el recorrido completo de una mujer, desde el tiempo anterior al nacimiento hasta el final de la vida. La presencia de la luna alude a los ciclos femeninos y refuerza la continuidad temática del proyecto. Cada pieza musical cuenta con una fotografía propia, creada a partir de las imágenes que los autores asociaban a la escucha y la lectura de los textos. El conjunto fotográfico podrá verse tanto en el programa de mano como en el exterior de la iglesia del Carmen con motivo del estreno.
El estreno tendrá lugar en una fecha especialmente significativa para el compositor, ya que el 26 de julio se cumplirán exactamente dos años del trasplante de corazón y riñón al que fue sometido. García Demestres ha revelado durante la presentación que una parte del ciclo fue escrita durante el periodo de hospitalización: «Alguna de las canciones está escrita en la unidad de cuidados intensivos». Esta circunstancia incorpora una dimensión biográfica al largo proceso de creación de una obra centrada precisamente en el ciclo vital, la fragilidad, el cuidado y la despedida. La nueva obra prolonga la colaboración artística entre García Demestres y Cristina Pavarotti. Ambos ya habían trabajado en los libretos de Il sequestro, estrenada en Módena en 2009, y de La straordinaria vita di Sugar Blood, presentada en el Festival Perelada en 2017. Pavarotti, licenciada en Disciplinas de Arte, Música y Espectáculo por la Universidad de Bolonia, ha desarrollado su actividad en los ámbitos de la dirección, la dramaturgia, la escritura y la producción musical. Desde hace años trabaja también en la reorganización y actualización del archivo familiar iniciado por su madre, Adua Veroni.
El estreno reunirá a dos intérpretes con una vinculación consolidada con el Festival. Sabina Puértolas debutó en el Festival en 2020 con un recital retransmitido en línea desde la Iglesia del Carmen durante la pandemia y regresó al año siguiente como Angelica en Orlando de Händel, una producción propia del Festival. La soprano ha interpretado papeles como Manon, Violetta, Gilda, Norina, Fiorilla y Rodelinda, y ha actuado en escenarios como el Teatro alla Scala, la Royal Opera House, el Gran Teatre del Liceu y el Teatro Real.
Rubén Fernández Aguirre regresa a la Iglesia del Carmen, donde ya había actuado en 2003 con Carlos Álvarez y en 2020 con David Alegret y con la propia Sabina Puértolas. Posteriormente ha participado en el Festival en Cantar del alma, con Núria Rial, y en Pasión, junto a Sonya Yoncheva e Ismael Jordi. Especializado en el acompañamiento de cantantes, mantiene una actividad regular en teatros y festivales internacionales. Puértolas y Fernández Aguirre comparten también el disco Los cisnes en Palacio, publicado en 2023.
Foto: Sabina Puértolas, Cristina Pavarotti, Oriol Aguilà, Rubén Fdez. Aguirre y Alberto García Demestres / © Miquel González