“Un artista debe ser único, un mundo en sí mismo”
(Arthur Rubinstein)
Para Juan Miguel Moreno Calderón el piano siempre ha sido un fiel compañero de viaje, un miembro más de su cuerpo, un pozo sin fondo que le ha regalado multitud de experiencias vitales y profesionales. Pianista, catedrático, político, escritor, crítico musical, académico, director de conservatorio, gestor cultural y sobre todo, gran apasionado de la música y, en particular, de la escrita para teclado, actualmente dirige, tras fundarlo, el Festival Internacional de Piano “Rafael Orozco” que anualmente se celebra en Córdoba.
Tras diferentes publicaciones sobre la actividad musical cordobesa y monografías dedicadas al maestro Leo Brouwer (ligado una década a la orquesta de la ciudad) y a uno de los músicos más raciales y tempestuosos que haya dado este país, como fue su paisano Rafael Orozco, ahora regresa a las librerías, bajo aires de divertimento personal de esos de disfrutar con lo que uno estudia y escribe, con “Los pianistas que dejaron huella” publicado por la editorial Berenice. Una semblanza personal y sintetizada, pero eficaz en su conjunto, de los que para el autor fueron los 42 pianistas más inolvidables paridos por el siglo XX. Obviamente, imagino que todos los lectores que surquen por sus páginas inevitablemente sentirán una espinita clavada en el corazón, cuando descubran que no está este o aquel pianista que tanto admiran y profesan, pero en su defensa hay que decir que todos los que están, lo están con legitimidad y derecho propio, ya que no sobra ninguno y no se le puede poner ningún pero a tan completa, sensata y distinguida selección, pues este libro es ante todo, un acto de amor al instrumento y a sus más gloriosos y modernos ejecutantes. O lo que es lo mismo, un acto de rebeldía contra el olvido cultural y musical en el que parece estar inmersa nuestra sociedad contemporánea.
Un libro que no solo se lee, sino que también, si uno le abre las puertas a la exploración, se puede incluso escuchar (está atiborrado de músicas y sonidos). Y es que, son muchísimas las referencias y grabaciones que el autor aporta de cada uno de los pianistas seleccionados, por lo que se recomienda fervientemente no devorar el libro de una sentada e irlo degustando ración a ración. Para un mayor deleite uno puede sumergirse en la figura de uno de los intérpretes y a la vez que va descubriendo su vida, obra y milagros, detenerse -sin acotación de tiempo- a escuchar algunos de los registros recomendados por el autor, con lo que al placer de la vista se le une inevitablemente también la del oído. Por lo que, se recomienda no tener nunca prisa por llegar a la meta final y disfrutar sensorialmente a dos bandas del viaje propuesto por el siglo XX aferrado a la mano del piano. Para poder acceder a la escucha de estas grabaciones, hoy el lector no tiene por qué tener ya una gigantesca discoteca en su casa, pues la era digital nos permite el acceso a estos registros de una forma muy alejada, eso sí, de la tradicional, como es a través de Spotify, YouTube o visitando las inagotables Webs que circundan la sacrosanta red. Por lo que se recomienda encarecidamente que este libro sea leído, pero sobre todo, que sea escuchado.
El autor siempre utiliza idéntica estructura narrativa a la hora de retratar y esbozar al intérprete de turno. En cada capítulo se ofrece primeramente unas concisas notas biográficas (explorando también la escuela a la que pertenece y citando a los maestros que lo moldearon al teclado) a la que le sigue un análisis certero de su estilo y valores interpretativos, así como un amplio despliegue de datos e información sobre los registros discográficos más extraordinarios legados por el pianista. Exposición planteada siempre bajo el prisma de la objetividad y el rigor, ofreciendo Calderón una mirada periodística y enciclopédica, sin cruzar jamás la subjetiva línea roja de los gustos personales por uno u otro solista. Aunque si uno rebusca con lupa, evidentemente esos inevitables lazos fraternales y humanos aparecen, aunque uno intente disimularlos, en los estudios de, por ejemplo, los Richter, Horowitz, Arrau, Freire, Michelangeli u Orozco.
De la poco más de cuarentena de elegidos para la gloria, solamente cuatro siguen en activo (Argerich, Zimerman, Schiff y Sokolov). El listado está dictaminado siguiendo un estricto orden cronológico regido por las fechas de nacimiento, por lo que temporalmente todo arranca en 1873 con el nacimiento de Rachmaninov y concluye con el alumbramiento de Krystian Zimerman en 1956 (las imágenes en blanco y negro se funden, inevitablemente con el pasar de las páginas, en un refulgente color). Los 42 músicos son etiquetados con un titular de manera diestra y afectuosa al inicio de cada del capítulo. Entre los más acertados están sin duda Richter: El visionario inconformista, Michelangeli: Alquimista del sonido u Orozco: Un purasangre del piano. El cordobés es el único pianista patrio que aparece en el listado junto a la que fuera la ibérica más universal de todos, Alicia de Larrocha. Se echa de menos, pese a la profusa bibliografía en castellano, la incorporación de un índice onomástico y de composiciones, que facilite y agilice la inevitable consulta futura del libro.
“Los pianistas que dejaron huella” es, en definitiva, un vehículo perfecto para un primer acercamiento a los grandes solistas del siglo pasado, que se puede leer atentamente con el oído y escuchar fervientemente con los ojos, que ojalá conlleve la aventura de una segunda entrega en la que tengan cabida aquellos que, por imposiciones de espacio, no han podido encontrar cobijo en este primer volumen, como son los: Paderewski, Hofmann, Curzon, Cziffra, Neuhaus, Hess, Yúdina, Nikoláyeva, Eschenbach, Ciccolini, Fleisher, Tureck, Watts, Kissin, Pogorelich, Leonskaja, Volodos, Uchida, Aimard, Zacharias, Gavrilov, Kocsis… Pero eso, como diría Kipling, “es otra historia”.
Javier Extremera
“Los pianistas que dejaron huella”
Autor: Juan Miguel Moreno Calderón
Editorial: Berenice (Colección Sinatra) 400 páginas
Primera edición: noviembre de 2025
ISBN: 979-13-87811-08-2