Más que centrarse en la habitual constelación de la escuela de Jena, este Como caminante que sueña. Reflexiones sobre el Romanticismo alemán desplaza el foco hacia Heidelberg, y lo hace a partir de un dispositivo narrativo singular: el viaje del autor, que como dispositivo de evocación, deviene recorrido interior y rememoración intelectual. Este punto de partida permite una aproximación menos académica y algo más vivencial, en la que la reflexión filosófica se reviste de recreación literaria con cierto aliento almibarado de la novela y puntualmente del tono del personalismo de un dietario. La evocación de los espacios físicos no responde tanto a un afán pintoresquista como a una sedimentación de lecturas, experiencias y meditaciones que, decantadas en la palabra, vivifican una memoria histórica entendida como epítome de la cultura occidental postilustrada.
En este sentido, el Romanticismo aparece no solo como un periodo estético, sino como una etapa de profunda trascendencia en la configuración de la modernidad. En él se reconfiguran y cimientan muchas de las bases de nuestro mundo contemporáneo, incluso de aquello que más tarde se ha dado en llamar posmodernidad. De ahí que el libro, sin proponerse como historia sistemática, funcione más bien como una herramienta analítica de notable alcance, capaz de abordar cuestiones nucleares como el desarraigo del sujeto, el cambio de paradigma en la concepción del arte, el panteísmo, la vida como sueño, la autonomía del artista, etc.
En este sentido y difiriendo de obras divulgativas de referencia como el paradigmático Romanticismo. Una odisea del espíritu alemán de Rüdiger Safranski, este ensayo “va de otra cosa”: no tanto de ofrecer un relato lineal como de ensayar una constelación de ideas. Estructurado en seis bloques, el libro entrelaza temas, personalidades y obras, tomando a figuras concretas como ejes vertebradores de cada sección. Así, nombres como Novalis, Hölderlin y Hegel emergen no solo como referencias históricas, sino como auténticos núcleos de pensamiento recurrentemente desde los que se articulan cuestiones como la tensión entre lo visible y lo invisible, lo finito y lo infinito, o la mistificación de la experiencia estética. Por ejemplo, uno de los aspectos más sugestivos del ensayo es su aproximación a la genealogía de la metafísica en el pensamiento romántico, particularmente a través de Hölderlin y Georg Wilhelm Friedrich Hegel. En este marco, lo oriental no comparece como mero exotismo, sino como una antítesis necesaria desde la que redefinir Occidente. Todo ello, además, viene filtrado por la lectura de Martin Heidegger, cuya aspiración a una política acorde con el ser subyace en buena parte de las interpretaciones propuestas.
Especialmente significativa resulta la incidencia en Goethe, cuya centralidad se explica tanto por la lógica de su figura en el periodo como por la afinidad del propio autor, también traductor de su obra. Más allá de las veces en que lo vincula a Spinoza, las páginas dedicadas a “La forja de un artista” adoptan un tono casi hagiográfico presentándolo como paradigma del genio romántico: bohemio, solitario, incomprendido y visionario, ajeno a las convenciones normativas del arte. En cierto modo, éste libro también es un ensayo encubierto sobre Goethe y, por esta razón, incitamos a Santiago Martín Arnedo a replantearse y expandir parte de lo servido sobre “príncipe de las letras” en otro ensayo que complemente los estudios y traducciones ya elaboradas por él mismo.
Otro de los ejes fundamentales es la progresiva sacralización del arte, que pasa a ocupar el espacio ideológico tradicionalmente reservado a la religión. El libro ilumina así esa relación subterránea entre Romanticismo y experiencia religiosa: no como ruptura, sino como continuidad por medios estéticos capaces de aunar goce, conocimiento y misterio. En este contexto, la influencia del protestantismo en la cultura alemana —por su énfasis en la libertad de conciencia y su particular sensibilidad hacia lo trascendente— se revela como un factor decisivo. No es casual que prácticas como el concierto o la ópera adopten, a finales del siglo XIX, una dimensión casi litúrgica, marcada por el recogimiento y el silencio. De hecho alguno de los últimos capítulos toma una deriva teológica en torno al alma bella que puede antojarse como un arco digresivo excesivamente tensionado. Por otro lado, en la reflexión sobre la muerte se echa en falta la mención a Friedrich Rückert, cuya obra, aunque relativamente ignorada por muchos de sus contemporáneos, habría enriquecido notablemente el tratamiento del tema tanto como hallar un índice onomástico lo hubiera a todo el volumen facilitando la consulta puntual ante la considerable densidad referencias y menciones a obras tratadas de manera tangencial, y otras, central.
En cambio, el libro no descuida otras vertientes menos transitadas, como la simbología arquetípica de los cuentos de Jacob Grimm y Wilhelm Grimm, cuya apelación a un inconsciente colectivo viene a completar lagunas que otros estudios suelen dejar de lado, más inclinados —especialmente en el ámbito musical— hacia compilaciones como Des Knaben Wunderhorn de Clemens Brentano y Achim von Arnim. Naturalmente Santiago Martín Arnedo no bandea el ámbito musical —con referencias a el Erlkönig, La muerte y la doncella, la última sonata para piano de Beethoven o incluso un par de capítulos dedicados a Johannes Brahms—, aunque no todas sus propuestas resulten igualmente convincentes. Así, la ingeniosa pero discutible analogía que equipara a Mozart con el Rafael de la música y a Beethoven con su Caravaggio evidencia tanto la audacia como los límites de un ensayo que, en última instancia, asume el riesgo de formular hipótesis que pueden resultar imprecisas o de corto alcance.
En conjunto, nos hallamos ante un libro que no pretende ofrecer una historia del Romanticismo al uso, sino más bien y desde una perspectiva particular, una exploración hermenéutica de sus tensiones internas y su proyección para comprender su incidencia en los albores del siglo XIX. Una incidencia, por cierto, que, desde la presente y casi distópica década de los 20 del siglo XXI, se contempla con la distancia aurática de una utopía vivida antaño por una Europa que ha perdido el vínculo con sus raíces culturales —aquellas que hunden sus fundamentos en la filosofía griega, el derecho romano o la tradición humanista frente al primitivismo totalitario de otras religiones— y que se enfrenta a una crisis de identidad en un contexto de profunda transformación político-social hundida por la inoperancia y corrupción moral de sus principales líderes políticos e institucionales. Algo de esta necropsia del Romanticismo viene impulsada como respuesta y actitud romántica del propio Santiago Martín Arnedo.
Albert Ferrer Flamarich
Como caminante que sueña. Reflexiones sobre el Romanticismo alemán.
Santiago Martín Arnedo
Dairea Ediciones, 2025. 310 páginas.
ISBN: 979-13-990602-0-1