El cuarto volumen de Kaierak: Basque Composers of the 21st Century, editado por Musikene y Eresbil, se centra en el compositor Gabriel Erkoreka. Esta publicación se suma a la serie de retratos de compositores vascos contemporáneos ya consagrados y con amplia proyección internacional. A este nuevo volumen le preceden los dedicados a Ramón Lazkano, Teresa Catalán y Félix Ibarrondo.
El libro sobre Erkoreka, publicado en formato trilingüe (euskera, inglés y castellano), se dividide en varias secciones que lo hacen ideal para introducirse en la figura del compositor. Se inicia con una detallada cronología que parte de la fecha de su nacimiento (1969) para llegar al 2023. Entre medio, podemos destacar sus estudios con Carmelo Bernaola (que será una fuerte influencia en su música especialmente en los primeros años), su destacado papel como pianista solista y de música de cámara (estrenando obras suyas como Nubes y Biribilketa), sus posteriores estudios con Michael Finnissy en la Royal Academy of Music de Londres, importantes proyectos como la presentación en 2004 en la Biennale di Venezia de su obra Afrika (concierto para marimba y orquesta), o en 2007 el estreno de la instalación musical en vivo HAMAR en el Museo Guggenheim de Bilbao, su presencia como compositor residente en la 13 Mostra Sonora de Sueca de 2017, donde quien escribe estas líneas pudo escuchar por primera vez en directo la música del compositor, etc. La cronología continúa con numerosos datos biográficos, reflejando una carrera de importantes logros que evidencian el esfuerzo y talento del compositor para haberlos alcanzado merecidamente.
Luego de esta sección cronológica, le sigue una extensa entrevista realizada por Jon Bagüés, donde se ofrece un acceso directo a la personalidad del compositor, sus inquietudes y motivaciones, así como a la génesis y evolución de sus obras. Erkoreka explica con detalle su proceso creativo, su relación con la tradición vasca y europea, y su manera de concebir la música como un frágil equilibrio entre estructura y emoción, técnica y expresividad. El compositor bilbaíno bucea en sus recuerdos y nos explica que: «La verdad es que me llamaron poderosamente la atención tanto Finnissy como otros compositores de la New Complexity inglesa, por su desarrolladísimo nivel técnico, desde el punto de vista de que sus partituras eran muy sofisticadas; y me pareció muy enriquecedor para mi música explorar ese terreno» (p. 94). Estas son influencias de su juventud pero que aún pueden detectarse en su música más reciente, aunque de manera muy evolucionada y personal.
Otra temática interesante es su pensamiento dialéctico sobre el material musical, que puede materializarse de numerosas maneras: el trabajo con la técnica musical y su relación entre objetividad del material y subjetividad del creador, la tensión entre música ajena e histórica frente a la propia, la conexión entre folklore y música contemporánea, etc. El pensamiento de Erkoreka es rico y variado, encontrado influencias e intereses muy diferentes entre sí, como el ecologismo militante, los estados de la mente como el sueño y el trance, la exploración de las artes como la fotografía, el cine (Eisenstein, Buñuel, Maya Deren) o el Land Art de César Manrique, entre otros temas. Tal y como confiesa el compositor: «A mí me motiva muchísimo establecer conexiones radicalmente diferentes ya no solo con las distintas obras de mi catálogo, sino establecer un vínculo emocional con los materiales de diversa procedencia que yo utilizo a la hora de componerlas» (p. 95). Desde esta perspectiva, se puede apreciar la amplitud de temáticas abordadas en la entrevista y la inteligencia con la que el compositor las trata, ofreciendo respuestas reflexivas y profundas que enriquecen la comprensión de su obra. Asimismo, revela una notable capacidad de autoconocimiento y una destacada destreza para comunicar su pensamiento creativo. Algo que no resulta muy común entre los compositores, muy diestros en el arte de los sonidos, pero no siempre en el de las palabras…
Complementando la entrevista, el artículo de Mikel Chamizo analiza de manera excelente la evolución del lenguaje musical de Erkoreka. Si antes escuchamos al compositor desde sus propias palabras, ahora una mirada distante, resulta muy apropiada para conocer desde otro prisma el trabajo del protagonista del libro. Chamizo destaca la coherencia interna de la obra del compositor, su capacidad para construir mundos sonoros densos con una fuerte expresión poética y arquitectónica, la gran variedad de influencias que se cruzan y generan puentes, etc. Su texto se inicia con una introducción en donde resume brevemente el universo del compositor: «La música de Erkoreka ha establecido siempre una fuerte conexión con sus experiencias vitales, y por consiguiente, sus creaciones reflejan los lugares que ha conocido, sus reflexiones sobre diversos asuntos relevantes en distintas etapas de su vida, así como su inmersión en la literatura, el arte o la música de otros autores» (p. 107). Más adelante, Chamizo realiza una cartografía del catálogo del compositor, detectando a través de sus títulos y las temáticas de sus obras, los ejes fundamentales del compositor. Establece principalmente cinco grandes categorías que a veces se hibridan: 1. Obras bautizadas con nombres de lugares / 2. La fascinación del compositor por los fenómenos naturales / 3. La influencia del folklore / 4. La reflexión y cita de formas musicales o repertorios del pasado / 5. La exploración de la mente humana.
Luego de la introducción, Chamizo abre un primer capítulo con el interesante título de Opuestos y transformación. Esta idea, relacionada con la dialéctica comentada anteriormente, genera en las obras del compositor un continuo movimiento de búsqueda que, en algunos casos, llega a ser muy radical: «Destaca asimismo una tendencia hacia los extremos, tanto de registro como de dinámicas, en el uso que hace Erkoreka de los instrumentos, y una densidad, a veces abrumadora, de planos y eventos sonoros que se suceden superpuestos. Por todo lo anterior, las de Erkoreka son también músicas abocadas a la ambigüedad de las lecturas que podemos hacer de ellas» (p. 110). En efecto, todo gran creador sabe que, si su obra quiere prolongarse en el tiempo e influenciar las personas más variadas, necesariamente ha de ir más allá de lo establecido. Por eso Chamizo, aunque realiza una profunda y rigurosa clasificación de la música del compositor, sabe que lo indefinido y el misterio, nunca deben descartarse.
El siguiente apartado analiza diversas obras del compositor inscribiéndolas en su trayectoria biográfica: Inicios / Londres / Tras el folclore / Regreso al piano. El análisis se acompaña de numerosas partituras, incluidas algunas manuscritas, que reflejan la gran precisión y la escritura elegante características de los compositores de la New Complexity, corriente por la que Erkoreka, como ya se ha señalado, sintió una profunda fascinación y que ejerció una influencia decisiva en su lenguaje musical. Con este retorno al origen (la formación inicial de Erkoreka como pianista) concluye el libro, ya no presentándolo como intérprete de su instrumento, sino como un destacado compositor para el piano. Esta faceta se ejemplifica en su ciclo de cuatro Ballades, dedicadas a Boulez, Varèse, Messiaen y Grisey, que sintetizan de manera elocuente su madurez creativa. Balladas que remiten a la antigua forma medieval que los románticos practicaron, como el gran compositor-pianista Chopin, pero que a su vez Erkoreka redescubre desde su propio mundo creativo y la música contemporánea. Sin duda estas complejas y extensas obras son un buen resumen de su trabajo y pensamiento. Chamizo finaliza su texto con estas bellas y profundas palabras: «La forma en que Erkoreka observa la experiencia humana (comenzando por la suya propia) no se limita a vehicular mensajes extramusicales o narraciones programáticas, sino que adquiere una lógica sonora propia, una coherencia dentro de su proceso de composición. Tal mecanismo de tensiones y distensiones entre lo musicalmente objetivo, por un lado, y el abrazo de la subjetividad y la imperfección, por el otro, dan como resultado una producción heterogénea, unificada por la maestría técnica del compositor bilbaíno» (pp. 124-125).
A este texto le sigue el catálogo completo del compositor ordenado por géneros e indicando la instrumentación, encargo, estreno y edición de cada partitura. Finalmente, el libro termina con una bibliografía y discografía selecta. Elementos que convierten a esta publicación en una herramienta de consulta imprescindible para musicólogos, compositores, intérpretes y cualquier lector interesado en la música del Erkoreka.
Sin duda, merece elogiarse la labor de Musikene y Eresbil por publicar estas monografías, tan necesarias para comprender en profundidad la música de nuestro tiempo, tristemente poco programada. Gracias a iniciativas como esta, se contribuye a difundir la creación contemporánea y a construir un cuerpo teórico tan escaso en la bibliografía existente en el estado español. Ojalá otras tierras aprendan de esta excelente iniciativa surgida en el País Vasco y dediquen monografías a sus compositoras y compositores más destacados.
En conclusión, la publicación sobre Gabriel Erkoreka, con su gran atención al detalle y rigurosa presentación de la información, permite obtener una visión completa y apreciar la evolución del compositor. Los diversos textos logran un equilibrio notable, reflejando tanto la dimensión más humana y subjetiva de Erkoreka como su faceta más analítica y objetiva. De este modo, y a pesar de su reducida extensión, el libro consigue presentar al compositor en toda su complejidad, ofreciendo al lector una comprensión profunda de su lenguaje musical, su pensamiento creativo y la coherencia interna que sostiene toda su obra.
Joan Gómez Alemany
GABRIEL ERKOREKA. Kaierak Bilduma. Basque Composers of the 21st Century
Autor: Jon Bagües y Mikel Chamizo
Editorial: Musikene / Eresbil (Kaierak Bilduma. Basque Composers of the 21st Century)
Nº páginas: 148