Música clásica desde 1929

Critica Discos / Fall, CPO y el fértil camino de la opereta - por Albert Ferrer Flamarich

27/07/2026

La recuperación discográfica de la opereta centroeuropea vive desde hace años uno de sus momentos más fértiles gracias a sellos como el incansable y sobrestimulante CPO, cuya labor ha permitido redescubrir buena parte del repertorio olvidado de Johann Strauss II, Leo Fall, Nico Dostal, Joseph Beer, Emmerich Kálmán y Franz Léhar. Dentro de esta política comercial, la aparición de Die Straßensängerin reviste un interés especial, pues se trata de una obra prácticamente desconocida incluso para los aficionados al género y cuya ausencia del catálogo discográfico constituía una laguna difícilmente justificable.

Estrenada en Berlín el 14 de septiembre de 1921, Die Straßensängerin ocupa una posición singular dentro de la trayectoria del compositor. Concebida a partir de una adaptación muy libre del Pygmalion de George Bernard Shaw, la obra anticipa en más de tres décadas algunos elementos que acabarían popularizando Lerner y Loewe en My Fair Lady. Sin embargo, los libretistas August Neidhardt y Fritz Friedmann-Frederich transformaron tan profundamente el original que apenas permanecen reconocibles algunos rasgos argumentales, tal y como nos cuenta Stefan Frey en las notas de carpeta. La florista Eliza Doolittle se convierte aquí en Sonja, una cantante callejera cuyo talento vocal, y no su forma de hablar, desencadena la acción. Esta libertad respecto al modelo original explica que varios comentaristas hayan señalado las debilidades dramáticas del libreto como el principal obstáculo para la consolidación escénica de la obra.

No obstante, lo que pudo perjudicar al libreto apenas afecta al valor musical de la partitura. Leo Fall se encontraba entonces en plena madurez creativa y despliega una escritura teatral de notable eficacia. Como sucede en sus mejores operetas, la inspiración melódica aparece con naturalidad y la acción avanza mediante una sucesión de conjuntos, dúos y números de carácter muy contrastado. A diferencia de la elegancia nostálgica que asociamos a Lehár, Fall se inclina aquí por un dinamismo más directo y una teatralidad inmediata que revela un notable instinto para el escenario. En este sentido, la obra resulta interesante por reflejar el momento de transición estilística que vivía la opereta vienesa tras la Primera Guerra Mundial. Junto a los inevitables valses y a los momentos líricos más tradicionales aparecen guiños a lenguajes modernos que evidencian la influencia creciente de las músicas de baile internacionales.

Nótese, por ejemplo, el número Jazz del tercer acto, un shimmy acompañado por una pequeña banda jazzística (Nº 12: Was hat in seinem grösseten Zorn” con algunas citas de la Rhapsody in blue de Gerswhin a la manera de quodlibet –supongo, propuesto por la producción- y en la que se luce Nora Lentner), cuya presencia debió de resultar sorprendente para el público de 1921 y que constituye uno de los momentos más atractivos de la obra. Ello quizá venga potenciado por tratarse de una obra que no posee una de esas melodías o números memorables con la que salir del espectáculo canturreando, aunque en ella Fall demuestra tiene oficio, suficiente variedad y sabe usar los estilos musicales sugerir puntos de parodia como en el Cuarteto del acto I “Jetzt fehlt noch das Objekt” (Nº 4) o el uso de ritmos de marcha en los flirteos de Mabel; así como la súbita irrupción dramática con cambio tonal incluido en el Finale II (Nº 11: “ Das Siegesbanner aufgepflanzt!”. O mucho más relevante: el encadenamiento de tres duetos en el Acto II con personalidades musicales muy diferentes, no siempre con fórmulas previsibles como en el poliseccional momento amoroso y con algunos compases de chelos y cuerdas mientras Sonja (Mirjam Neururer) y Georges (Joshua Whitener), soprano y tenor, cantan partes de “Ich komme mir vor wie im Märchen” (Nº 8).

La interpretación de la Musikalische Komödie Leipzig confirma una vez más el extraordinario papel que esta institución desempeña en la recuperación del repertorio operetístico alemán. Se percibe desde el primer momento que nos encontramos ante músicos que dominan perfectamente el estilo, capaces de combinar ligereza, precisión rítmica y sentido teatral sin caer en la caricatura. Tobias Engeli dirige con evidente conocimiento del género, manteniendo siempre la fluidez del discurso, sin rasgos amanerados, con la dosis bien calibrada de rubato en una ejecución a grandes rasgos que privilegia la elegancia, la claridad de las texturas y la riqueza melódica. A ello, por cierto, también contribuye la toma sonora que mantiene los elevados estándares habituales del sello alemán: equilibrio entre voces y orquesta, credibilidad entre los contrastes dinámicos y sus rasgos más extremos, a la par que en la polaridad agudo-grave logrando un resultado permite apreciar con detalle una orquestación mucho más refinada de lo que suele suponerse en este repertorio. Escúchese la desintegración de la marcha en los fagotes de Allemal y 47 (Nº 2 “n Abend, Vater!”) en este dueto onomatopéyico provocado por el tabaco.

A igual buen nivel responde el reparto tanto en el lucimiento individual como en los números de conjunto (Nº1 Introduction, Nº 5 Final del acto I, o la citada conclusión del segundo acto) algo que favorece especialmente una opereta cuya eficacia depende en buena medida de la interacción escénica entre los personajes. La dicción de todos es muy buena, los diálogos fluyen con naturalidad y el equilibrio entre canto y palabra hablada contribuye decisivamente a la credibilidad teatral del resultado que cuenta voces bien educadas, perfeccionadas en sus medios y posibilidades de unos cantantes profesionales.

Quizá Die Straßensängerin no alcance la inspiración más fresca y seductora de Die Dollarprinzessin o de Madame Pompadour, consideradas generalmente las obras maestras de Fall. Sin embargo, posee suficientes atractivos musicales e históricos para justificar plenamente su grabación. Más si encima se lleva a cabo con la calidad y garantías de una recuperación modélica que confirma la importancia de CPO como uno de los grandes agentes de preservación del patrimonio lírico centroeuropeo. Además, de uno de los sellos más activos en que la relación de calidad-precio entre producto y formato sigue siendo incontestable: un solo disco de 80 minutos con un libreto que, a pesar de no incluir los cantables ni los diálogos, sí lleva el resumen argumental y un docto artículo con la información histórico-musical necesaria para entrar en la obra, en la que señala los atisbos pre-brechtianos de la obra así como la recepción en prensa y otras opiniones. En resumen si les interesa el repertorio, aquí tienen una pequeña baza para su disfrute y admiración, puesto que los alemanes sí se preocupan de su repertorio y llegará algún día que también del nuestro: cuando empiecen a grabar los títulos de zarzuela que músicos, instituciones, sellos, políticas culturales y un largo etcétera de agentes del sector musical, seguimos sin llevar a un formato sonoro que por lo menos quede disponible o de fácil acceso para melómano, profesionales y el mundo en general.

Albert Ferrer Flamarich

 

Leo Fall: Die Straßensängerin

Sonja Trebes, Mirjam Neururer, Patrick Rohbeck, Frank Winkels, Cor de la Musikalische Komödie Leipzig, Orquestra de la Musikalische Komödie Leipzig. Tobias Engeli, director.

CPO 555 732-2. 80 minutos.

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